LOS HERMANOS KARAMÁZOV. Y el pensamiento nihilista.

Pávlovich Karamázov, un individuo grosero, brusco, tacaño, mezquino, alcohólico y lujurioso es asesinado, y cualquiera de sus tres hijos (y supongo que decenas de personas más, viendo el perfil del individuo) tenían razones para hacerlo. Este puede ser el sucinto argumento de ´Los hermanos Karamázov`, el libro más extenso del ruso Fiódor Dostoievski. Pero más allá del plano, digamos, puramente textual, las aventuras del Dmitri, Iván, Alexéi y el difunto abordan cuestiones mucho más complejas y difíciles de tratar.

La última novela del escritor ruso, al parecer Dostoievski falleció cuatro meses después de su publicación, aborda, en realidad, el problema de la moral. Sitúa a los personajes en un contexto social donde la creencia en Dios empieza a resquebrajarse y la sordidez y el egoísmo son cualidades que aparecen, con mayor o menor fuerza, en todos los personajes de la obra. Cada uno de los tres hijos de Pávlovich representa un modo distinto de afrontar un mundo en crisis: Iván es el intelectual. Abraza el ateísmo a través de la reflexión, y subsidiariamente también el nihilismo: “si Dios no existe todo está permitido”, llegará a afirmar; Dmitri es apasionado, irreflexivo e irascible (por no decir violento) es el más parecido al padre y quizá el que más lo odia, aunque yo creo que sólo es quien menos disimula su odio; Alexéi Karamázov es el pequeño de los tres, un joven piadoso e idealista que decide enmascarar todas sus dudas morales, y también el desprecio por el  borracho de su padre, bajo la fe. Aliosha, como es llamado cariñosamente en la novela, está igual de atenazado por las incertezas que sus otros dos hermanos, pero él ha decidido creer.

Dostoievski anticipa en un par de años lo que será la gran aportación de Nietzsche a la historia del pensamiento: la muerte de Dios. El escritor ruso nos sitúa en una sociedad en la que, de algún modo, empieza a sospechar que Dios quizá no exista. “Dios ha muerto y nosotros lo hemos matado. Tú y yo.”, diría el filósofo alemán pocos años después. El asesinato de Pávlovich Karamázov simboliza el atentado contra una autoridad decadente, caduca e innecesaria como lo es también el dios judeo-cristiano para las sociedades actuales. El autor del ´Zarathustra` sostiene que todos somos cómplices de la muerte de Dios, no importa quién haya apretado el gatillo; de modo análogo, no importa quién ejecutó el parricidio de los Karamázov. Todos los hermanos tenían razones para asesinarlo y por los tanto los tres vástagos son cómplices, sino coautores.

Jean Paul Sartre localiza también en esta novela el inicio de su reflexión filosófica. Para el pensador francés la frase de Iván Karamázov “si Dios no existe todo está permitido” marca el inicio de lo que él acuña como el pensamiento existencialista. Dice que la libertad como idea eje es el  carácter definitorio del existencialismo, que se hizo tan popular en las décadas sesenta y setenta del siglo XX. Posiblemente no sea muy sensato contradecir al padre del existencialismo en cuanto a los orígenes de su canon, pero creo que la pareja de Simone de Beauvoir se equivoca al definir de esta manera el pensamiento de Dostoievski. Pienso que el autor de ´Crimen y castigo` anticipa la sociedad nihilista que un par de años después Friedrich Nietzsche desarrolló de manera más detenida, pero en ningún caso formuló nada parecido a la famosa fórmula que sostiene que “la existencia precede a la esencia”. Con todo, Fiódor Dostoievski señala el nihilismo y la volatilidad de los valores como el eje de la problemática actual, fundando, a pesar de tratarse [“únicamente”] de un escritor de novelas, el pensamiento filosófico contemporáneo. Desde la publicación de ´Los hermanos Karamázov`, pasando por Nietzsche, Heidegger, Wittgenstien, Sartre, Gadamer… será la búsqueda de un fundamento no divino, en el que sustentar las ideas de bien, belleza y verdad, el hilo conceptual de la filosofía actual.

La novela es una profunda reflexión sobre la libertad y la justicia en sentido absoluto. En ´Los hermanos Karamázov` la culpabilidad sobrepasa la autoría de los hechos. La responsabilidad no está ligada empíricamente a la causalidad, sino que también radica en los deseos que ocultamos a nuestra propia mente. Kant sostenía que además de actuar moralmente bien, debíamos desear comportarnos así; y de algún modo la postura de Fiódor Dostoievski es similar. Independientemente de las sentencias de la institución judicial, adjudicando o eximiendo culpas, la responsabilidad humana se sitúa en un plano mucho más íntimo. Decíamos al principio que los tres hermanos Karamázov tenían razones para matar a su padre, pues bien, para Dovstoievski los tres hermanos eran responsables, en realidad y a su manera, del asesinato del  padre.

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PERSONA. Ser, parecer y/o existir.

En 1921 el escritor Luigi Pirandello estrenó una obra de teatro en la que los protagonistas interpelan directamente al director de la obra reclamando su atención y solicitando que este les diese vida. Seis personajes en busca de autor, lleva por título. En 1966 el director de cine sueco, Ingmar Bergman, estrena una película dándole la vuelta al planteamiento de Pirandello. En Persona se narra el conflicto existencial de  Elisabet Vogler (Liv Ullmann), una actriz que un día, durante la representación de Electra, decide sumirse en el silencio. No como resultado de un trauma o de alguna enfermedad psiquiátrica sino como fruto de una posición ética meditada. La sra Vogler invadida por la náusea de interpretar incansablemente el papel de madre, esposa, actriz… que los demás esperan de ella, decide envolverse por el silencio y en el inmovilismo y así no tener que asumir más la responsabilidad de sus actos. La directora del psiquiátrico dónde Elisabet Vogler es acogida durante los siguientes días al suceso del teatro analiza el comportamiento de la paciente en un memorable monólogo: “¿Crees que no lo entiendo? El sueño imposible de ser. No de parecer, sino de ser. Consciente en cada momento, vigilante. Al mismo tiempo el abismo entre lo que eres para los otros y para ti misma. El sentimiento de vértigo y el deseo constante de no estar expuesta, analizada, diseccionada, quizá incluso aniquilada. Cada palabra una mentira, cada gesto una falsedad, cada sonrisa únicamente una mueca. ¿Suicidarse? ¡Oh, no!, eso es horrible. Tú no harías eso. Pero puedes quedarte inmóvil y en silencio. Por lo menos así no mientes. Puedes encerrarte en ti misma, aislarte. Así no tendrás que desempeñar roles ni poner muecas ni falsos gestos… piensas. Pero la realidad es tozuda, tu escondite no es hermético. La vida se cuela por todas las rendijas. Estás obligada a reaccionar. Nadie pregunta si es real o irreal, si tú eres de verdad o una ilusión. Esa pregunta sólo importa en el teatro, y casi ni siquiera allí. Te entiendo Elisabet. Entiendo que estés en silencio e inmóvil, que hayas dejado de creer en un sistema irreal. Te entiendo y te admiro. Creo que deberías mantener este  papel hasta que se agote, hasta que deje de ser interesante. Entonces podrás dejarlo, igual que, poco a poco, fuiste dejando los demás papeles.” Los personajes de Pirandello buscan existir, la actriz de la película de Ingmar Bergman intenta dejar de hacerlo.

Tras la salida del psiquiátrico, el cuidado y las atenciones a la actriz apática corren a cargo de una enfermera joven, creyente, llena de vida y de proyectos, llamada Alma (Bibi Andersson). Alma asume la tarea de devolverle el entusiasmo a la paciente nihilista, lo que supone una alegoría demasiado evidente, casi infantil, pero aun así hermosa.

Persona, en latín, significa máscara. Todos debemos, no tenemos otra opción, que elegir una máscara. Como decía Jean Paul Sartre “cada acción nos define”. Nos significamos en cada momento, nos esculpimos a cada instante, con cada decisión y opinión. Pero el problema no termina aquí. A pesar de nuestros esfuerzos (por decidirnos, por elegirnos) no podemos controlar, al menos totalmente, las máscaras que los demás nos atribuyen. De modo que la existencia se convierte en un baile de máscaras, de disfraces si lo prefieren y asumimos cierta trivialidad, donde la identidad, la verdad y el rigor adoptan una naturaleza, en el mejor de los casos, huidiza. De ahí que se comprenda mejor el mutismo autoinflingido de la señora Vogler. Lo que olvida, al menos al principio, es que como también dijo Sartre: “Cada palabra tiene consecuencias, pero cada silencio también”.

El conflicto ético y ontológico de Elisabet Vogler es el mismo que se plantea el personaje de Adolfo Bioy Casares en La invención de Morel, a saber: la disyuntiva de elegir entre la soledad y la verdad o la farsa y la autocomplaciencia. Mientras que el fugitivo de la novela del argentino decide vivir entre imágenes, sabiendolas falsas, pero al menos disimulando el peso de la soledad; en Persona, en cambio, la protagonista se desembaraza de toda farsa, disimulo o máscara a pesar del solipsismo que debe pagar a cambio.

Dicen los expertos en la filmografía y biografía de Bergman que durante la década de los cincuenta y principios de los sesenta el director sueco centró temáticamente sus películas en la búsqueda de Dios y lo trascendental. Esta etapa lo llevó a terminar hospitalizado por una crisis de estrés (no lo culpo), e inmediatamente después nació Persona. Película minimalistas en la forma, pero no en el fondo. Imposible reflexionar más y mejor en apenas 80 minutos. Hoy en día ya casi nada es tan preciso.

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EL PROBLEMA POSTMODERNO.

     La Postmodernidad es una mala gripe que tenemos que pasar. La tradición marxista, en la que me enmarco, reconoce sus raíces en la Modernidad y por tanto asume que los valores ilustrados (aunque reactualizados) siguen vigentes en la actualidad. En este sentido, para el pensamiento marxista y para todas aquellas tradiciones de origen moderno, la Postmodernidad no deja de ser una anécdota (de fatales consecuencias, eso sí) que debemos asumir y superar para seguir navegando, quizá sin rumbo definido, por las aguas brumosas de la Razón. No se trata de una posición negacionista, no niego la existencia de la Postmodernidad, en absoluto, esta existe y los desafíos, inquietudes e incógnitas que nos plantea debemos asumirlas y darles respuesta. Lo que sostengo es que la Postmodernidad no tiene estatus o entidad suficiente como para anular la vigencia de los principios modernos. Por eso, insisto, la Postmodernidad es una gripe (anemia, si lo prefieren) que nos debemos curar para volver a la senda de la Razón. Obviamente no se trata de una labor sencilla, y en ningún caso  podremos volver a concepciones tan ingenuas como las de Hegel o Kant, pero el camino es aquel y debemos retomarlo.

     Decía Dostoievski, a través de las palabras de uno de los hermanos Karamázov, que si Dios no existe, todo está permitido. El novelista ruso tiene razón y ese es el eje del problema postmoderno. Dios existió durante milenios, pero ahora está muerto, como anunció Nietzsche hace más de cien años, y por tanto tenemos que asumir la tarea de darle sentido al mundo sin él. Mientras no clarifiquemos unas nuevas reglas, unos nuevos referentes; mientras no establezcamos unos nuevos criterios éticos, estéticos, ontológicos y gnoseológicos que vengan a sustituir a los establecidos por la divinidad, todo estará permitido. Ese es el problema y el desafío de nuestros días. Immanuel Kant pasó a la historia como el primer pensador en filosofar usando exclusivamente los límites de la Razón, pero el análisis riguroso que ofrece el tiempo nos permite determinar que eso no fue exactamente así y que la Razón con pretensiones universales y objetivas, que se deduce que la Crítica Razón Pura, aunque supone un importante avance discursivo frente a Hume o Descartes, sigue conteniendo “trazas” de Dios. La Postmodernidad, en este sentido, es un problema (sí, lo es) pero también la oportunidad de elaborar un pensamiento propiamente humano, racional y laico.

     ¿Pero qué es y dónde surge el pensamiento postmoderno? Es precisamente Nietzsche el ideólogo más original y el pensador más profundo de la Postmodernidad, y aunque “el filósofo del Anticristo” no utilizó nunca este término (no estaba en su espíritu sentar cátedra ni crear escuela), sí que introdujo los conceptos discursivos esenciales para que ya durante el siglo XX la Postmodernidad se convirtiera en un pensamiento articulado. Nietzsche sostiene que la muerte de Dios provoca que éste sea el tiempo del nihilismo: que en su sentido más radical, y dramático, es la ausencia de reglas, de verdad y la imposibilidad de cualquier conocimiento objetivo; “No existen hechos, sólo interpretaciones”, llegaría a escribir el autor de Así Habló Zaratustra. El nihilismo como pensamiento eje tiene dos consecuencias que inevitablemente debemos asumir y tratar de dar respuesta; a saber: el escepticismo y el relativismo. Se trata de dos actitudes conectadas, pero diferentes y que pueden observarse de manera conjunta o no. La ausencia de sentido, de valores, el todo vale, que anuncia el nihilismo, puede ocasionar una melancolía escéptica, con todo lo grave que la melancolía desmedida provoca; o un amoral relativismo que impida a las sociedades actuales determinar dónde está lo correcto y dónde no. En realidad, Nietzsche sirvió de catalizador de una sensación que llevaba tiempo flotando en el ambiente. Como todos los grandes pensadores de la historia, no fundó ningún contexto cultural nuevo, sino que lo descubrió. En realidad, la Postmodernidad comenzó a cuajar, muy lentamente, cuando las promesas de la Revolución Francesa de igualdad, libertad y fraternidad comenzaron a quedarse en el papel mojado. La Revolución Bolchevique de 1917 recobró el impulso ilustrado y los grandes objetivos de los revolucionarios franceses, pero, obviamente, desde el poder y las capas más reaccionarias de la sociedad prefirieron alimentar el escepticismo y la apatía postmoderna antes de asumir unos valores e ideales contrarios a sus intereses de clase. Y esto sigue siendo así en la segunda década del siglo XXI.  Es decir, la Modernidad y la Ilustración basan su nacimiento y su existencia en profundos criterios revolucionarios.

     Este es el estado de la situación. Negar la Postmodernidad porque no nos gusten sus implicaciones ideológicas (y aunque reconozcamos su peligrosa influencia reaccionaria para con los valores que defienden una humanidad más justa) es poco riguroso. Sería como negar la existencia de los quinientos años de Escolástica porque no estemos de acuerdo con la cristianización de la filosofía griega. Es decir, la Postmodernidad es un hecho y la tarea del pensamiento actual es dar respuesta a las dificultades que ésta plantea. Como decía al principio, creo que el objetivo es recobrar la senda inicial, la de la Modernidad, la iniciada por Kant y Hegel, asumiendo las críticas de Nietzsche y de los postmodernos del siglo XX, pero siempre con el afán de recuperar a la Razón y esta vez sin “prejuicios” trascendentales ni divinos.

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´TODOS LOS NOMBRES`. don José y el Dasein

Don José, un solitario y gris funcionario que trabaja en la Conservaduría General, es, paradójicamente, el único personaje con nombre de la novela de José Saramago que lleva por título ´Todos Los Nombres`. Un  empleado público que pasa los días con la tediosa labor de archivar nacimientos, bautizos, bodas, divorcios y defunciones de cada uno de los habitantes, en una repetitiva y anodina ceremonia fríamente vigilada por sus superiores. Un funcionario que dedica las horas del día a archivar la vida de los demás mientras se olvida de la suya. Pero Don José tiene algo especial, es consciente del hastío, de la mediocridad del día a día, así que para combatirlo se inventa un pasatiempo. Colecciona recortes de personas célebres, y también las fichas con los acontecimientos administrativos de sus vidas que extrae a hurtadillas de la oficina en la que trabaja. Una afición sencilla, trivial y algo infantil que le permite afrontar cada mañana con un mínimo de entusiasmo. Pero un día, por error, se tropieza con la ficha traspapelada de “La Mujer Desconocida”. Desde ese momento su vida dará un vuelco y centrará su existencia en la búsqueda de la persona a la que hace referencia el nombre y los datos recogidos en la ficha de la Conservaduría  General. Existe un relativo consenso entre los críticos literarios cuando afirman que ´Todos los Nombres` es un análisis sobre los excesos del poder y el burocratismo, cuando en realidad nada tiene que ver con eso. ´Todos los Nombres` es la expresión de una búsqueda, pero no de una búsqueda particular, concreta, sino de la búsqueda en general; de la gran búsqueda. En un momento de la novela se dice que “La metáfora es siempre la mejor forma de explicar las cosas”, y una metáfora es ´Todos los Nombres`. El único nombre que aparece en la novela titulada ´Todos los Nombres` es el nombre del autor. Todos los nombres son don José, y don José son todas las demás personas –Saramago incluido-; y su búsqueda, su afán por apaciguar la angustia y llenar de contenido la tediosa existencia, es la búsqueda de todas y todos nosotros.

La Conservaduría General en la que trabaja el protagonista se divide en dos grandes espacios: el de los vivos, en donde se archivan las fichas de las personas que todavía no han fallecido; y el de los muertos: al fondo del edificio, mucho más extenso y oscuro que el anterior, en el que se guardan las fichas de los muertos. El espacio que la Conservaduría reserva a las personas fallecidas es tan inmenso que los funcionarios sólo pueden acceder a este lugar con ayuda del hilo de Ariadna, para no perderse entre los laberintos de estanterías y poder volver a la zona de los vivos y de trabajo sanos y salvos. A lo largo de la novela el protagonista encuentra su propio hilo de Ariadna (porque no todo el mundo puede guiarse en la vida con un mismo hilo). Cuando decide asumir la tarea de buscar a la mujer desconocida y seguir las pistas que lo llevan hasta ella, su vida se vuelve más peligrosa, intensa, más difícil y menos plácida; pero también más satisfactoria, plena, y sobre todo, con sentido.Existe otra línea de reflexión acerca de ´Todos los Nombres` que asegura que ésta es una obra sobre el amor. Sin duda esta interpretación es más acertada que la que sostiene que la novela del escritor portugués es una reflexión sobre el burocratismo y el despotismo, pero sigue siendo una interpretación parcial. José Saramago reflexiona en la novela sobre el amor, pero entendido como un instrumento para la búsqueda de sentido. La búsqueda de sentido de una existencia que carece de él es, a mí parecer, el tema principal de la obra.

´Todos los Nombres` fue publicada en 1997, apenas unas semanas antes de que su autor fuera galardonado con el premio Nobel (el único autor de lengua portuguesa con esta distinción); pero si el libro fuera publicado treinta años antes, en la década de los sesenta, estaríamos hablando de una de las novelas más paradigmáticas, representativas y relevantes –si no la que más- del existencialismo sartreano.

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EL SENTIDO DEL HUMOR DE LUDWING

Ludwing Wittgenstein fue el noveno hijo de una familia judía, adinerada, burguesa y poderosa del viejo y antisemita Imperio Austrohúngaro. Su padre fue un importante y exigente industrial, socio de los Krupp y uno de los hombres más ricos de la tierra. Su madre, una mujer con un refinadísimo gusto artístico y con talento para la música, la pintura y la poesía. Según él mismo reconoce, el joven Ludwig nunca encontró consuelo y comprensión para sus inquietudes en el seno familiar.Tres de sus cuatro hermanos se suicidaron y su instructor de juventud también. Se formó en ingeniería pero abandonó la disciplina a los veintitantos, no descubriría su auténtica vocación hasta casi los cuarenta años; siempre consideró que no tenía talento para nada en especial. En varias ocasiones se vio en la obligación de sobornar a los nazis para que dejaran en paz a su familia.

Durante la Primera Guerra Mundial, en el frente, escribió el ´TractatusLogicoPhilosophicus´, obra por la que recibiría reconocimiento mundial, pero en la que teorizaba sobre el fin de su propia disciplina, la filosofía. Pocos años más tarde renegaría del ´Tractactus´ y reconocería la frustración que las consecuencias teóricas de su única obra le había provocado.

Ludwing vivió solo, sin apenas amigos. Durante largas temporadas se autorecluyó en una cabaña de las montañas noruegas. Jamás asumió su homosexualidad y se cree que nunca mantuvo relaciones sexuales. Vivió atormentado y acomplejado por causa de la estricta formación religiosa en la que fue criado. Su mejor amigo, David Pinsent, del que se cree que estaba enamorado, murió durante la Gran Guerra. Con apenas treinta años renunció a la herencia y a la fortuna familiar, y cuando se le diagnosticó cáncer de próstata se negó a recibir tratamiento. Los últimos años de su vida los paso enfermo y sin dinero, durmiendo en pensiones baratas y en pisos de antiguos discípulos.

Murió solo en la casa de un pastor protestante, que le daba alojamiento por caridad; sin contacto con su familia y sin la compañía de ninguno de sus pocos amigos. La esposa del pastor, que lo acompañó durante la agonía del día de su muerte, asegura que sus últimas palabras fueron: «Dígale a mi familia y a todos mis amigos que mi vida fue maravillosa.»

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LA FILOSOFÍA Y SU SENTIDO.

Una de la pruebas que constata la complejidad de la filosofía como disciplina es que tras veinticinco siglos de historia todavía no existe una definición clara acerca de lo que estamos hablando cuando hablamos de filosofía. Dentro de las obvias y legítimas matizaciones, cualquier persona dedicada a la medicina, la física teórica, la agricultura, la arquitectura, la pesca podría explicar, con meridiana claridad, la definición, función y objetivos básicos de su disciplina, alcanzando, con toda seguridad, un amplio consenso entre sus colegas. Pues bien, tras su tercer milenio de existencia, en la filosofía esto está lejos de ser así. La confusión del asunto es tal que Pitágoras, filósofo del siglo VI a.c, al que se le atribuye la acuñación del termino ´filosofía´, posiblemente nunca existiera; y la escuela supuestamente por él fundada se limitó a un grupo de pensadores, que formaron algo muy similar a una secta, que se denominaron pictagóricos en honor a un individuo cuasi-mitológico de cuya existencia real se duda.

En todo caso, fuera Pitágoras una persona real, la filosofía es producto de la Polis, y posiblemente la Polis sea consecuencia, en parte, del debate filosófico. Puede que Sartre exagerara cuando afirmaba que el otro es el infierno, pero en cambio pienso que el otro es también la razón; y creo que ese fue el gran descubrimiento de la Grecia Clásica. El debate, los discursos públicos, son el reconocimiento explícito de que la verdad y la razón no reside, por completo, en uno mismo y es sólo en el espacio público, en el ágora, donde la verdad se puede dar. La mayeútica socrática, como método; y los Diálogos de Platón, como testimonio documental, es la teorización del debate como fundamento originario del ejercicio filosófico: la verdad se desvela en el discurso público. El otro no es el infierno; el otro es el juicio, el criterio, el debate, el consenso o el disenso, la réplica, la razón; algo así como la demostración empírica, o externa, de nuestro fuero interno.

Mi profesor de filosofía del instituto decía, creo que medio en serio y medio en broma, que la filosofía tenía un origen patológico. Cuestionarse la realidad, reflexionar sobre el ser o la verdad únicamente podía ser fruto de alguna clase de enfermedad. “Un tipo sano -decía- se limita a vivir, no a reflexionar sobre la vida”, y posiblemente tenía razón. Creo que fue Gustav Jung el que entendía la existencia humana como una enfermedad. El ser humano era, al mismo tiempo, paciente y causa de su patología, y la filosofía, decía el psicoanalista suizo, era el único tratamiento válido que uno podía aplicarse. Algo similar piensa Gianni Vattimo cuando habla de la función edificante de la reflexión filosófica.

Hace ya algún tiempo que abandoné la vida de estudiante, pero por aquel entonces (apuesto que sigue siendo así) el o la docente comenzaba el curso interrogando a sus alumnos sobre qué era la filosofía. Recuero que en bachiller, y unos años después también en la universidad, mis compañeras y compañeros se animaban a ofrecer algunas respuestas. Tras varios intentos infructuosos lo que terminaba por reinar era la perplejidad entre el alumnado. ¿Y si la perplejidad es el origen y motor de la filosofía?. La vida es siempre perplejidad decía Ortega y Gasset. Quizá no seamos enfermos, al fin y al cabo, sino perplejos.

Otra posibilidad: ¿Y si la disciplina y la tradición filosófica fuera consecuencia o artífice de un error? En el siglo XX Wíttgenstein, y el Círculo de Viena, llegó a sostener que la filosofía era el producto de una confusión, en concreto de muchos errores lingüísticos concatenados. Para el pensador que combatió en la I Guerra Mundial la filosofía debía limitarse a resolver las confusiones del lenguaje, a resolver los problemas creados por un mal uso de éste durante siglos. Esto significaba el fin de la filosofía, para convertirla en una suerte de filología hermenéutica, o algo así. Coetáneo de Wittgenstein, pero más longevo, Martin Heidegger también señaló hacia un error de la tradición: el olvido del ser. Para el autor de ´Sein und Zeit` la investigación sobre el Ser era la esencia de la actividad filosófica, y dicha investigación fuera olvidada desde Sócrates. Leer exclusivamente a Nietzsche y a los presocráticos era el consejo de Heidegger para los jóvenes estudiantes de filosofía.

Ya veis, esto de arrojar luz sobre la cuestión “¿Qué es la filosofía?” no resulta nada sencillo. ¿Y si filosofía fuera, al fin y al cabo, ésto? Una búsqueda constante, incansable y quizá, quién sabe, infructuosa. Wittgenstein concluyó en el `Tractatus` que “de lo que no se puede hablar, mejor callar”. Pero, ¿y si no podemos permanecer callados?. Esto se parecería mucho a una enfermedad. ¿Y si los griegos iniciaran una investigación estéril hace veinticinco siglos y nosotros seguimos en ella?. Sísifo fue condenado, por toda la eternidad, a arrastrar una piedra a la cima de una montaña una y otra vez. ¿Y si la filosofía es el Sísifo de la humanidad? ¿Estaremos condenados a buscar respuestas que no existen?

Platón fue el primero en sistematizar su pensamiento. Para el griego existía una idea superior de la que participaban todas las demás. La verdad, la belleza y la justicia era la triple naturaleza de una misma Idea, la cúspide del pensamiento; la realidad última que el Filósofo Rey debía observar. Todo lo verdadero era justo y bello al mismo tiempo. A esto convenimos en llamar ´intelectualismo moral`. Siglos de guerras religiosas, invasiones, capitalismo, dos contiendas mundiales y la posmodernidad no nos permiten ser tan ingenuos como lo fue el discípulo de Sócrates, pero sigo pensando que el núcleo temático de la reflexión filosófica es la verdad, la justicia y la belleza. Ahora sabemos que lo justo, lo bello y lo verdadero, lamentablemente, no están interconectados, pero no alcanzo a comprender nada más relevante sobre el qué investigar. Quizá estos tres conceptos es aquello “de lo que no se puede hablar”, pero sin embargo no podemos dejar de hacerlo. Las ideas trascendentales del entendimiento, decía Kant.

Dios no existe, o ha muerto, y eso nos deja sin coordenadas, sin referencias ni referentes. También sin coartadas. No estamos viviendo el fin de la filosofía, ni mucho menos. En la era de la ciencia, la tecnología y la muerte de Dios, la filosofía debe ocupar el lugar de éste. El ser humano debe subirse en los hombros de la tradición para crear nuevos valores, referencias y referentes. ¿Qué es lo bello? ¿qué es lo justo? ¿qué es lo verdadero? Ahora sabemos que nunca tendremos respuestas cerradas, pero no podemos dejar de investigar y avanzar. Nunca sabremos si vamos por el camino correcto, pero, al igual que Sísifo, estamos condenados a arrastrar la piedra. Edmund Husserl decía, en un ejercicio de falsa modestia, que los filósofos eran los funcionarios de la humanidad, y posiblemente tenía razón. La humanidad necesita un fundamento teórico, unos criterios conceptuales y unos objetivos teóricos para funcionar; y ésta es una función que la ciencia no puede abordar. La ciencia describe el mundo, la filosofía le busca sentido. La filosofía es una búsqueda incansable, enfermiza, infructuosa y discursiva de sentido.

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EL PESIMISMO DE JULIETTE BINOCHE Y LA CONSTITUCIÓN AFECTIVA DE LA EXISTENCIA

     Una de las expresiones cotidianas que más me desconcierta es esa que equipara el realismo al pesimismo. Ya sabéis, esa frase que dicen los pesimistas para escudarse en su visión gris de la existencia. La manida expresión “yo no soy pesimista, soy realista” radica en un error conceptual de raíz. El error consiste en pensar que el pesimismo es un análisis sobre el mundo, cuando en realidad se trata de la descripción de un estado mental; del propio estado mental del individuo, para ser más concretos. Al igual que el optimismo, el pesimismo aborda la cuestión de como nos enfrentamos al mundo, pero no aborda el problema de la constitución de la realidad en sí misma. En una palabra: el pesimismo habla sobre como nos afecta el mundo, no de cómo es el mundo.

     Por supuesto no soy de los que sostienen que la vida sea una orgía de placer y felicidad, ni nada parecido. Y creo que soy más o menos objetivo si digo que la mayor característica de este mundo es que todo en él es perecedero: nuestros amigos terminarán marchándose, de un modo u otro; la hermosa tarde junto a esa persona especial se acabará (y quizá nunca vuelva a repetirse); algún día envejeceremos, y lo que es todavía más terrible: todos moriremos!! Es más, pasarán los siglos, después los milenios, y por muy extraordinaria y notoria que fuese nuestra vida, llegará el momento en que no quedará ni el más mínimo rastro de nuestro paso por el planeta Tierra, ni un etéreo recuerdo siquiera. Y así será para toda la eternidad.

     Puede que piensen que todo ésto son razones de sobra para ser pesimista, y puede que tengan razón, pero en ningún caso el pesimismo, como decía antes, describe la realidad. Nuestra capacidad de intervenir en el mundo es limitado. Por muy guapo, fuerte, rico y sano que seas siempre te encontrarás con límites que, al menos, te contrariarán. Hay cosas, que por mucho que hagamos, son como son. Nuestra disposición de ánimo frente a esta realidad fatalista es lo que determina que mostremos una actitud pesimista, optimista, escéptica o cualquier otro estado intermedio. Es evidente que todo tiene un final; pero ver en esa verdad cósmica motivo para el pesimismo es, por chocante que parezca, un juicio de valor. Nuestra juventud, el amor, este Donuts de chocolate, la siesta en algún momento terminará; pero también lo hará el periodo de convalecencia, la jornada laboral, la canción del verano y quizá también, quien sabe, la sensación de soledad (también puede que no, pero creer lo uno o lo otro es también un juicio de valor: la expresión de un deseo o un temor).


En una ocasión leí, no sé dónde, tengo muy mala memoria, pero la frase no es mía. Pues eso, leí que un optimista es un pesimista que se ha quedado sin opciones. Me adscribo a esta definición. Qué puedo decir, a mí esa frase de Schopenhauer en la que decía que “la vida es sufrimiento, absurda y la nada anterior a mi nacimiento es igual a la nada posterior a mi muerte”, por alguna razón me resulta tranquilizadora y reconfortante. La clave está, en mi opinión, en que no hay opción. Quizá la existencia sea una condena, como afirmaba Sartre, pero pasarse el resto de la “sentencia” lloriqueando y lamentándose de todo aquello que la vida nos niega, de los éxitos que nuestras limitaciones nos impide alcanzar me parece un esfuerzo completamente estéril. La película de Krzysztof Kieslowski (asumamos otra limitación: no tenemos ni idea de como se pronuncia el nombre del director de cine polaco) Azul, protagonizada por la magistral Juliette Binoche, y que sería la primera de la trilogía Tres Colores, aborda, con una sutiliza metafísica, precisamente esta cuestión. Juliette Binoche interpreta a una inteligente y carismática mujer que un día, de pronto, pierde a su pareja y a su único hijo en un accidente de tráfico. El desarrollo de la película narra la gestión que la protagonista hace de su propio dolor: el sinsentido de lo acontecido, la banalidad de la existencia, más tarde, el disfrute de los pequeños placeres en medio del tormento diario y finalmente la aceptación de un nuevo marco existencial.

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LA METAFÍSICA Y LA ISLA DE MOREL

¿Por qué hay cosas y no, en cambio, nada? ¿Qué hace que algo sea ese algo? ¿Cuánto puede cambiar un ente y seguir siendo lo mismo? ¿Existe, de algún modo, Alonso Quijano, Rodión Raskólnikov o Spiderman? Si es así, ¿en qué plano de la existencia lo hacen? ¿Existen de la misma manera que lo hace Marco Aurelio, Rasputín o Vladimír Ilich Ulíanov? ¿Existen todos ellos del mismo modo que lo hace los zapatos que llevo puestos o un sombrero? Y si resolvemos que ninguno de los anteriores existen, ¿significa eso que es posible hablar  y teorizar de cosas que, en realidad, no existen? ¿Qué o quién somos? ¿Somos objetos? ¿Consciencia? ¿Si un violento accidente nos hace modificar completamente nuestra conciencia, memoria y comportamiento se podría sostener, razonablemente, qué seguimos siendo la misma persona? ¿Necesitamos una causa primera para explicar todo lo demás? Y si esta causa no existiera, ¿cómo condiciona esto al conocimiento? Y si existe, ¿cómo determina esta causa nuestras vidas, nuestra libertad? Todas éstas son preguntas metafísicas. Aristóteles llamó a esta disciplina filosofía primera, aquellas investigaciones acerca de la causa del mundo; que son el fundamento de toda la realidad y de todo el pensamiento posterior. Desde entonces, la metafísica es el conjunto de reflexiones, investigaciones y tesis que van más allá (o más acá, según se mire) de la física.

Imaginaos que después de un holocausto nuclear una comunidad sobrevive en un refugio atómico, dotado de lo imprescindible para alimentarse, asearse y recibir cuidados médicos durante, pongamos, un lustro. Esta comunidad, tras vivir completamente aislados del exterior, de no recibir ningún tipo de información del mundo, comienza a escuchar golpes sobre la escotilla, herméticamente cerrada por dentro y que los aísla. Aunque persiste el miedo a los posibles efectos que la radiación, que quizá todavía contamina el ambiente, les podría

provocar, la comunidad de supervivientes comienzan a debatir sobre el origen de los ruidos que se escuchan sobre sus cabezas y las implicaciones que esto supone: ¿Los supervivientes del exterior habrán conseguido, gracias a los avances tecnológicos, eliminar todo residuo nuclear y hacer habitable el lugar del estallido atómico? ¿Son aquellos golpes y ruidos, en realidad, consecuencia y prueba de la devastación del mundo exterior? ¿Los golpes sobre la escotilla que los aísla, y que presumiblemente los protege, serán producidos por una comunidad de supervivientes del exterior que intentan comunicarse con ellos para decirles que todo está en orden, que pueden salir de su encierro, volver a mundo exterior y continuar con sus vidas?

En su obra capital, La Crítica de la Razón Pura, Emmanuel Kant termina concluyendo que la metafísica no puede ser considerada una ciencia. Los objetos propios del estudio de esta disciplina no pueden ser captados por los sentidos, y por lo tanto son incognoscibles. El mundo nos insinúa que existe algo detrás de los entes, la cosa en sí; pero esta cosa en sí es inaprensible. Tratar de investigar acerca de estas entidades es absolutamente inútil. A pesar de todo ello, para el filósofo alemán la inquietud metafísica es inevitable, el ser humano no puede dejar de preguntarse por los primeros principios aunque no consiga jamás respuestas clarificadoras y definitivas. Por exhaustivas que sean sus investigaciones el ser humano no puede llegar más lejos de lo que le permite sus sentidos. Podrá, quizá, notar indicios de que existe algo más allá de su mundo circundante, pero jamás podrá aplicar a estas corazonadas un método de investigación propio de la ciencia. Del mismo modo, los supervivientes del holocausto nuclear sólo pueden resolver que los golpes al otro lado de la escotilla son producidos por alguna causa, pero no pueden, jamás, tener ningún tipo de conocimiento sólido sobre esta causa, al menos, mientras no se decidan a abrir la escotilla.

Otro alemán, Martin Heidegger, sostiene que el hombre y la mujer son, en esencia, seres metafísicos. Dice el autor de Ser y Tiempo que las personas son arrojadas al mundo sin una identidad, sin un proyecto. El ser humano se decide a si mismo. Está obligado, constantemente, a elegir, a tomar decisiones y esto lo determina, lo hace ser. Potencialmente podríamos ser abogados, arquitectos, comunistas, leñadores, mentirosos, hindús, temperamentales, cocineros, amantes de los animales o ecologistas, astronautas, soñadores o culturistas… Serán nuestras acciones las que determinarán que seamos una, otra cosa o varias de éstas a la vez. Es decir, para Heidegger somos nuestra propia primera causa, y por tanto metafísicos.

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¿Leísteis la Invención de Morel? En esta novela del escritor argentino Adolfo Bioy Casares se cuenta como un fugitivo, en su huida, llega hasta una isla. Allí todo parece real: los árboles, las mareas, los y las excursionistas, su miedo a ser descubierto y hasta los dos soles que brillan en lo alto. Finalmente el protagonista descubre que no todo en la isla existe en realidad, pero lo más controvertido es que no resulta, tampoco, sencillo distinguir aquello que en la isla es real de aquello que no lo es. Eso también es metafísica.

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AMERICAN HORROR STORY. Brujas, vampiros, espíritus y Jessica Lange.

Lo propio sería comenzar este nuevo post reconociendo que desaparecer durante más de dos años, no publicar nada en este blog desde abril de 2015 es, casi, indecente. Lo que en su momento plantee como una nueva etapa en Palabra y Logos, “cambios y novedades” anunciaba, terminó por ser inactividad durante 24 meses. No voy a explicar las razones, porque no son consistentes, así que empiezo de nuevo (o continúo con el trabajo) sin más.

Durante todo este tiempo, por supuesto, no deje de leer. Más ensayos que novelas, pero muchos de estos ensayos también pudieron ser resumidos en un post de Palabras y Logos si lo deseara, así que ésta no fue la razón de la ausencia. Pero lo que si es cierto es que durante este último año leí considerablemente menos de lo que lo venía haciendo, porque, el caso, es que yo también me vi arrastrado por la moda de las series; lo admito. Y de una serie es de lo que voy a hablar en mi “nuevo primer post” de Palabras y Logos.

Una de las posibilidades que te ofrece una serie de televisión es la capacidad de conocer más y más a los personajes. Las decenas de episodios con los que cuentan las series de nuevo cuño ofrecen que, a lo largo de los horas de emisión, termines por entender las motivaciones, sueños, neurosis y complejos de cada unos de los personajes, lo que te permite empatizar con ellos y asumir, de manera más natural, sus comportamientos. Soy un “lector y espectador de personajes”. Carácteres interesantes, historias vitales bien estructuradas y con algún tipo de trasfondo ético siempre fue el principal ingrediente para que yo pudiese disfrutar de una película o una novela; de ahí que esté encantado con todas esas series interesantísimas estrenadas durante los últimos años.

Os voy a hablar de American Horror Story: Seis temporadas, cada una de ellas centrada en una historia de terror diferente es la estructura básica de este proyecto. De algún modo, cada historia trata de abordar una obsesión distinta de los miedos de la cultura popular norteamericana. Una casa encantada, un manicomio, el aquelarre de unas brujas, un circo de “engendros”, un hotel administrado por psicópatas asesinos y un programa de telerrealidad que termina en masacre son los espacios en donde se desarrollan las seis temporadas de la serie.

El atractivo fundamental del proyecto es el sentido que adquiere la obra al ser considerada en todo su conjunto, y también unas interpretaciones notables. El núcleo central del elenco repite en cada nueva historia, obviamente interpretando personajes distintos, excepto los papeles a los que da vida Jessica Lange, que de algún modo son siempre el mismo: una mujer que vive en la nostalgia de un futuro que prometía ser lo que no fue. Lange interpreta a personajes que comienzan a entender que se le escapa el presente y las posibilidades. Definitivamente, deleitarse con las distintas interpretaciones de la actriz que debutó con la mítica King Kong es razón suficiente para ver esta serie de terror.

Los personajes de las diferentes historias son seres crueles y vulnerables a partes iguales, y al mismo tiempo. El espectador es capaz (yo lo he sido) de horrorizarse con las acciones más bárbaras de, por ejemplo Larry Harvey, la «hermana» Jude Martin o de la camarera de pisos Iris y a la escena siguiente conmoverse profundamente con las tragedias personales del mismo asesino. Es para destacar la inquietante ternura de todos los personajes que dan sentido a la cuarta temporada: ´Freak Show`.

American Horror Story es un ejemplo paradigmático de las series de la nueva ola. Aunque hay que reconocer a Twin Peaks como la precursora de este nuevo modo de hacer televisión (por cierto, este año se estrena la tercera temporada del trabajo de David Lynch) es ahora cuando ya no queda duda de que el valor artístico de una serie de televisión puede ser superior, incluso, al séptimo arte.

Con todo, lo mejor es que, al parecer, todavía quedan tres temporadas por estrenar de American Horror Story. Según nos dice la Wikipedia tenemos historias de terror hasta 2019. Lamentablemente, si no hay cambios, parece que sin la excepcional Jessica Lange.

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DESEANDO AMAR “El pasado es algo que podemos recordar pero no tocar, y todo lo que se recuerda es borroso y vago.”

director: Wong Kar-Wai

año:2001

     Existe más o menos consenso entre la prensa especializada de cierto tipodeseando 1 de cine en considerar Deseando Amar la gran obra maestra del aún adolescente siglo XXI. Para empezar no soy partidario de objetivar opiniones de esta manera, no creo que exista algo tal como la mejor película de este u otro siglo o década, y aunque coincido en que Deseando Amar es un filme original e hipnótico, no pienso que se trate de la mejor película de las últimas décadas. Pero sin ningún tipo de dudas es una de las películas que más influyó, sino la que más, sobre el trabajo de los nuevos cineastas en estos quince años.

     Como ejemplo sirva el dato de que en 2004, durante la promoción de Lost in Traslation, en una entrevista, Sofia Coopola manifiesta su admiración por la película de Wong Kar-Wai y reconoce que para su recién estrenada cinta trató de elaborar un ritmo similar a la idolatrada película del director chino.Lo cierto es que desde mi punto de vista, rigurosamente subjetivo, Coopola consiguió rodar una obra maravillosa y de una calidad artística incluso superior a la película que trataba de “emular”. Y que en realidad emuló. Deseando Amar y Lost In Traslation tienen similitudes evidentes, tanto en el ritmo pausado como en el planteamiento argumental. Pero esta entrada es para hablar de Deseando Amar y no de mi mitificada, quizá exageradamente, Lost In Traslation.

     Muy poco del argumento de Deseando Amar se puede decir sin desvelar algún giro esencial del filme. Esta es una de esas películas cadenciosamente lentas donde cada uno de los acontecimientos, aunque pocos, son esenciales para la trama. Únicamente decir que el relato arranca cuando Su Lizhen y Chow Mo-Wan, cuyas respectivas parejas se encuentran la mayor parte del tiempo en viaje de negocios, se trasladan a pensiones contiguas en el Hong Kong de la década de los sesenta. Puede que los acontecimientos posteriores sean en parte predecible, pero creedme, sólo en parte.

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     La película de Kar-Wai es otro buen ejemplo de una fabulosa película elaborada con mimbres sencillos. Todo en Deseando Amar es simple: unas interpretaciones elegantes y contenidas, un guión minimalista y una puesta en escena sobria componen una película abrumadoramente bella y sutil, donde todo encaja con todo. Lo único llamativo del conjunto es una banda sonora compuesta por tangos y boleros, algunos de ellos en castellano, curioso para una película china ambientada en el Hong Kong de los sesenta. Pero como ya dijimos el conjunto es sobrio, adecuado y elegante.

     Después de 90 minutos de película uno puede caer en la tentación de pensar que en realidad no sucedió nada relevante, y analizándolo fríamente quizá sea así, pero ese es posiblemente el gran mérito del director chino. Convertir en conmovedora y artística una historia que sólo podría interesar a los más cotillas del vecindario.deseando 3

     Pocos años después Wong Kar-Wai decidió dar continuidad al relato con una segunda parte. 2046 es una película onírica, con un guión más complejo y con repetidas alusiones a la primera parte. Un trabajo también excepcional aunque quizá no tanto como su antecesor.

 

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LOST IN TRASLATION. «¿Has bebido? vas a necesitar valor.»

direcctora: Sofia Coopola

año:2003

     Siento verdadera debilidad por esas películas en las que todo es lento, suave y sencillo y que carecen de cualquier ornamento estrafalario, grotesco, histriónico o forzosamente impactante. Adoro esos filmes donde cada gesto, mirada, palabra es tan natural, tan humanamente comprensible que da la impresión que no podría ser de ninguna otra manera. Ese cine que sólo se recrea en el detalle, en el momento, y que cuida con precisión no lo que sus personajes hacen sino que trata de hacernos notar lo que ellos sienten. Me apasionan esas películas que se desarrollan como una marea, no percibes como lentamente algo va aumentando hasta que de pronto todo finalmente se desborda. Pues bien, en mi opinión Lost in Traslation es el ejemplo modélico de este tipo de cine.

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     Scarlett Johansson interpreta a Charlotte, una joven casada con un fotógrafo esnob y de éxito que está de viaje en Tokio por asuntos de trabajo. Charlotte, recién licenciada en filosofía, acompaña a su marido a la capital nipona porque según sus propias palabras “no hacía nada”. Busca constantemente algo que le haga sentir y en sus gestos se adivina un permanente “¡Qué demonios estoy haciendo!”. Bill Murray interpreta a Bob Harris (en su primer papel de verdad) un actor cincuentón, famoso y millonario, con semblante y actitud de derrotado. Un padre de familia decepcionado con su vida profesional, familiar y consigo mismo, que viaja a Tokio para rodar un intrascendente anuncio de whisky. Scarlett y Bob son la encarnación de dos crisis vitales distintas, o quizá se trate de una misma y única crisis con características distintas, de la que sólo somos conscientes por momentos.

     Lost in Traslation es el segundo trabajo de Sofia Coopola, después del exitoso debut que supuso el estreno de Las Vírgenes Suicidas. La película logró algún que otro galardón y recibió muy buenas críticas de la prensa especializada, pero con todo, después de una década tras su estreno pienso que está injustamente infravalorada. Opino que indudablemente se trata de una de las grandes películas del siglo XXI, y aunque no sea, ni mucho menos, la mejor película lost in traslation2de la corta historia del cine, es posiblemente mi favorita.

Son tantos los detalles y los aspectos que me gustan de Lost in Traslation que no terminaría nunca de escribir. Destacar al menos las interpretaciones de Johansson y Murray. El cazafantasmas interpreta uno de esos personajes que el espectador duda de que lo sea. La interpretación es tan buena y natural que incluso le resta mérito, parece que Murray unicamente se dedicó a ser él mismo. Por cierto, papel que, aunque en un contexto distinto, volvió a interpretar un año después en Flores Rotas de charlotteJim Jamuch. Charlotte, la jovencísima filósofa autosuficiente interpretada por Scarlet Johansson, además de cautivadora, convincente e interesante, es el mejor personaje femenino que he podido ver en la particular tradición machista del cine norteamericano. Aunque la simbiosis entre Bob-Bill convierte la interpretación del personaje masculino en algo memorable, es Charlotte la que sustenta el papel de heroína del romanticismo postmoderno en Lost in Traslation. En este trabajo es Bob Harrris el prescindible.Bob

     Gil de Biedma en Arte Poética escribe “Es sin duda el momento de pensar/ que el hecho de estar vivo exige algo,/ acaso heroicidades…” Un pensamiento similar aletea por la mente de estos personajes. La sospecha de que vivir exige algo más que dejarse llevar.

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BIG FISH. «Esa agradable sensación de irrealidad»

autor: Tim Burton

año: 2003

     Tim Burton es un artista clásico. Al igual que los juglares medievales, los mitos homéricos, las enseñanzas de los relatos de la tradición Zen a Burton le importa más bien poco la exactitud, el rigor. En lo esencial sus historias siguen manteniendo la misma esencia de la tradición oral donde lo importante no estaba en el detalle, en la verosimilitud de lo acontecido, sino en la verdad que se esconce detrás de la fabula. Big Fish es un buen ejemplo de esto.Big_Fish-838287233-large

     William Bloom (interpretado por Billy Crudup) no tiene muy buena relación con su padre. Este (Albert Finney) está a punto de fallecer pero William siente que no lo conoce en absoluto, ya que lo único que consiguió de su progenitor son un montón de relatos descabellados en lugar de datos sobre su vida. Postrado en su cama, Bloom padre rememora las divertidas historias que componen su vida narrándoselas a su hijo y a su nuera (interpretada por Marion Cotillard.)

     Big Fish es una entrañable, divertida, melancólica y nostálgica historia acerca de la verdad, que paradójicamente se aborda a través de un conjunto de historias claramente inverosímiles. Película basada en la novela homónima de Daniel Wallace, lo que el director ´del mejor del los Batman` trata de mostrarnos es que la verdad no siempre es ser fiel a la realidad, si es que existe algo que pueda ser llamado así. La verdad tiene que ver con aquello que es realmente lo importante, lo fundamental para vivir y para ser comprendido bigfish2y querido. Y por eso la verdad es una cosa tan complicada. En el filme vemos que Willian se siente frustrado porque nunca consiguió una explicación a ninguno de los acontecimientos vividos por su padre. Lo que no logra entender es que un montón de detalles intranscendentes y tediosos no pueden decir nada de lo que realmente Edward Bloon  sentía. Sus ansías por afrontar la vida con decisión, valentía y entusiasmo, el inmenso amor que sentía por su mujer o la ausencia de miedo que siempre mostró ante la idea de la muerte. Es decir, todas esas extravagantes historias mostraban fielmente lo que Edward Bloon en realidad era. Esta es una película onírica y emotiva que a cada minuto desprende una agradable sensación de irrealidad como diría Gil de Biedma.big fish 3

     Cuando de niño jugué por primera vez con pompas de jabón me quedé absolutamente impresionado. Cuando pregunté por qué pasaba algo tan fabuloso al soplar en el centro de un aro de plástico húmedo y un poco cutre, me dijeron sencillamente que era magia. Y es más, de cuantos más colores estuviera cubierta la esfera flotante, mis padres aseguraban, que más poderosa era mi magia. Descubrir años después que el fenómeno se trataba, sencillamente, de una finísima capa de jabón que envolvía una porción de aire y que esta no flotaba mágicamente, sino que era arrastrada por el viento, creerme, no aportó nada a mi juego infantil.

 

 

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MELANCOLÍA. ¿Y si no hay solución?

director: Lars Von Trier

año: 2011Melancholia-Poster Nacional-23Maio2011

     En un momento en que la categoría artística del cine es más que dudosa, y uno ya no sabe si cuando estamos hablando de cine nos estamos refiriendo al arte de las imágenes en movimiento o a inflarse de palomitas en salas comerciales dotadas de 3D, creadores como Lars Von Trier son fundamentales.

Aunque en algún momento el director me parece excesivo, y que en más de una ocasión puede que se haya preocupado más en buscar el escándalo y lo provocativo que en la expresión y la belleza estética, no tengo ni la más mínima duda que con el paso de los siglos (no digo décadas, digo siglos) será uno de los pocos artistas estudiados de nuestros días. Estoy convencido porque Von Trier, guste o no su cine, hace una apuesta distinta, original y convencida. Y pese a que no todas sus cintas son brillantes, ni mucho menos,  es evidente  que mantiene un plan, un proyecto de obra total. Acostumbrados a ver como los estrenos cinematográficos responden al ritmo errático de las tendencias, éxito en taquilla, o al lucimiento del actor o actriz de moda, el ideólogo de Dogma 95 mantiene sus obsesiones personales y sus criterios estéticos básicos película a película, mostrándonos cada vez un pedacito más de su desasosegante mundo interior.

015Melancolía es el término con el que se denominó durante gran parte de la historia a aquello que hoy conocemos como depresión, y es la depresión  el núcleo temático de la esta película. El director danés utilizó una metáfora terriblemente poética como reflejo de esta enfermedad. Melancolía, un gigantesco planeta de color azul que se escondía detrás del Sol,  se aproxima lentamente a la Tierra amenazando con impactar finalmente con ella y arrasar con cualquier tipo de vida.

Ajena a estas “cuestiones estelares” Justine padece su individual versión deKirsten_Dunst_jeune_actrice_actress_comedienne_Melancholia_lars_von_trier_film2-800x336 la depresión. Brillantemente interpretada por Kirsten Dunst, Justine es una joven recién casada de familia rica, que según sus propias palabras está “atravesando por los hilos de color gris que se aferran a mis piernas. Son muy fuertes y me arrastran.” Si la interpretación de Charlotte Gainsbourg, encarnando a la hermana mayor de la protagonista, es como siempre fabulosa, es el papel y el trabajo de Kirstine Dunst el que descompone interiormente al espectador con una interpretación tan contenida como al mismo tiempo desgarradora. Si algunos teníamos alguna duda acerca de la calidad artística de la novia de Spiderman, cada plano en que aparece Dunst en Melancolía nos demuestra lo equivocado que estábamos. Por otra parte, los padres de estas dos hermanas es un ejemplo de cómo los papeles secundarios pueden aportar más interés y complejidad a una cinta, por breves que sean. En especial la madre interpretada por Charlotte Rampling.

Melancolía es una bellísima alegoría sobre la depresión abordada desde distintas perspectivas. Y a su manera, también, y de una u otra manera, es una película acerca del fin de la vida.

 

 

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EL PUENTE SOBRE EL DRINA. Creando lazos

autor: Ivo Andric
año: 1945

     Esta es una novela distinta a todas las que he comentado en este blog. Aquí no se cuentan las peripecias de tal o cual personaje. Las aventuras, las desdichas o el crecimiento personal de un grupo de protagonistas, ni nada parecido. En El puente sobre el Drina nos narra la historia de una pequeña aldea a lo largo de varios siglos. El relato arranca en el siglo XVI con la construcción de un enorme puente sobre el rio Drina en Visegrado, un pueblo Bosnio muy cerca de la frontera de con Serbia, y termina en 1914 durante los primeros meses de la Gran Guerra.

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     Ivo Andric, Premio Nobel de Literatura en 1961, elabora algo así como una intrahistoria. Nos explica como los cambios históricos fueron repercutiendo en la no tan tranquila vida de los habitantes de la aldea. Visegrado, a causa de su localización, ve alterada, una y otra vez, su cotidianeidad por estar situada geográficamente en medio de las luchas constantes entre los grandes imperios euroasiáticos. El novelista trata de mostrarnos como los conflictos nacionales, interfieren la cotidianeidad de los ciudadanos de la aldea. A pesar de no interesarse ni entender demasiado bien la naturaleza de estos conflictos.

     En mi opinión El Puente sobre el Drina es ante todo una obra antibelicista y pienso que también un alegato contra la política. Escrita durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial Andric trata de argumentar, al menos desde su óptica, como la sencilla vida de un pueblo se ve perjudicada por las decisiones tomadas en lugares distantes y extraños. Supongo que ante el esperpento de una segunda conflagración europea en apenas veinte años, el escritor yugoslavo sacase unas conclusiones más bien pesimistas entorno a las relaciones políticas e internacionales.

     Otro aspecto interesantísimo de El Puente Sobre el Drina es la descripción de las relaciones entre los vecinos que profesan distintas religiones. Vemos como las diferencias culturales y religiosas de los visegradenses (no tengo ni idea si es así como se dice) no dejan de ser simples anécdotas. Similares a los problemas vecinales que se dan, constantemente, en cualquier otro pueblo de cualquier otro estado. Y por supuesto, nada que ver con el ese llamado choque de civilizaciones tan en boga en la última década. Visegrado, situado entre el este y el occidente, aparece como una comunidad relativamente estable y homogénea, y las distintas maneras de entender la vida, que existen, son toleradas por cada uno de los vecinos sin demasiada hostilidad.

     Si Ivo Andric decidiera terminar el libro con una moraleja, aunque no siento simpatía por estas, diría algo así como que las diferencias que existen entre los seres humanos son normalmente expresión de intereses extraños, y se difuminan cuando se permite que el problema sea resuelto por los individuos implicados.

 

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AFTER DARK. Otra pieza más del universo Murakami.

autor: Haruki Murakami

año: 2004

    Hace ya bastante tiempo alguien me dijo que el problema de las palabras es que poco de lo verdaderamente importante se puede decir con ellas. En realidad en eso radica la esencia de la literatura. Del mismo modo que el hidrógeno y el oxígeno no son agua, sino que su unión forma una sustancia distinta cualitativamente a estos dos átomos. O al igual que no llega sencillamente con unir la harina, la levadura y los huevos para que aparezca un bizcocho. La literatura trata de suplir la capacidad expresiva de las palabras uniéndolas, experimentado con ellas, y creando algo muy distinto y con mucho más significado que el que las palabras aisladas tienen. Ciertos escritores, tratando de demostrar lo humildes que son, suelen definirse en las entrevistas como simples artesanos que trabajan uniendo palabras, pero esto no es cierto. Las historias de las novelas, o poemas, no son sólo la unión de palabras. Es algo distinto.after_dark

 

     Como ya hablamos en otras ocasiones, los personajes de Murakami son seres casi adolescentes, atractivos y solitarios que terminan encontrándose. Pues en After Dark este patrón se repite, pero de un modo casi esteriotipado. Mari Asai es una joven que lleva horas sentada leyendo en la mesa de un restaurante. Ya oscureció cuando se encuentra con Takahashi, un músico y hablador veinteañero que se acerca a la mesa de Mari. Así arranca la novela, y el relato de varias historias que se cruzan durante la noche de una ciudad japonesa. El encuentro romántico entre Mari y Takahashi, la paliza a una prostituta de origen chino y una chica que duerme, y sueña, desde hace días se entremezclan en una inquietante noche. Todo relatado por un narrador omnisciente que tiene conciencia de serlo. Nos interpela directamente a nosotros cuando le parece apropiado.

 

     After Dark es una novela muy curiosa. Los capítulos están encabezados por horas de la madrugada, y progresivamente el reloj va avanzado. En realidad, pienso que el escritor japonés intenta aquí relatar una historia casi a tiempo real. Las horas que se van señalando están calculadas para que el lector pueda acompañar su lectura a los acontecimientos narrados. Se trata de una novela con aspecto de relato corto. La historia es breve y sencilla y está narrada con un lenguaje muy ágil. Además, After Dark, conserva esa cualidad de inacabada que tiene toda la literatura de Haruki Murakami y que aporta, aún más, al lector la sensación de haber leído un relato breve.

     After Dark es sólo una pieza más de la obra que, poco a poco, está creando Murakami. Ni de lejos es una de las piezas más destacadas, pero al igual que cualquier insignificante átomo, es imprescindible para que el notable resultado literario del japonés sea el que todos conocemos. Por separado los libros de Murakami no son extraordinarios, pero el universo que está creando sí lo es.

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DE QUE HABLO CUANDO HABLO DE CORRER. Al menos nunca caminó.

autor: Haruki Murakami

año:2007

     Cuando me obsesiono por un escritor y leo una parte importante de su obra siempre siento la necesidad de leer algo que me cuente cosas sobre él. Saber más de sus motivaciones para escribir, sus rutinas, sus inquietudes. En el caso de Haruki Murakami esta necesidad fue saciada gracias a De que hablo cuando hablo de correr. Si además, todas estas cosas son contadas en primera persona por el propio escritor, como en este caso, mucho mejor.de-que-hablo-cuando-hablo-de-correr-97884838359371

     El título es de lo más apropiado e indica con mediana claridad lo que el escritor japones pretende. El autor de Tokio Blues nos narra sus inicios, costumbres, derrotas y victorias como corredor de largas distancias, hábito que tiene desde los 33 años cuando comenzó a escribir de manera profesional. Pero la obra es también un esbozo de su propia filosofía personal, fuertemente enraizada con su condición de corredor.

     Como reconoce el propio escritor en el epílogo la obra  “este libro es algo parecido a unas memorias.” Pero en realidad no existe ninguna duda de que De que hablo cuando hablo de correr son claramente sus memorias. Es más, se trata de un testamento vital inteligente y sutil. Aunque constantemente Murakami está hablando de cuestiones relativas a entrenamientos, maratones y distancias recorridas, las referencias a su vida y a teorías sobre la existencia son continuas. Y precisamente lo más interesante de la obra es que consigue penetrar en aspectos importantes de su pensamiento, e incluso en su intimidad, sin parecer nunca exhibicionista, sensacionalista o sentimental.

     De que hablo cuando hablo de correr es un ensayo en el que Murakami describe a través de su modo de correr, su modo de vivir.  Pero lejos de narrar exclusivamente los aspectos más satisfactorios de entrenar y competir, los momentos dulces cuando ve superadas las metas, que también lo hace; este corredor de largas distancias  se “recrea”, sobre todo, en sus derrotas, en esos momentos en que puede constatar que el cuerpo no le respondió como él  lo había imaginado en su mente. Pero en realidad, aceptar que las cosas no siempre son como uno lo ha planeado es lo esencial para el escritor sexagenario.

     De todo lo que Haruki Murakami confiesa en estas páginas una cosa se me ha quedado especialmente grabada. En un momento dado, reconoce que muchos conocidos le expresan su admiración por su fuerza de voluntad, por ser capaz de salir cada mañana a correr y hacerlo durante aproximadamente una hora diaria. Y le suelen preguntar, como nos cuenta el propio escritor, si no hay días en que no le apetezca entrenar. Si por pereza o cualquier otro motivo, no prefiere quedarse cómodamente en su casa. A lo que él responde que casi siempre. Habitualmente, momentos antes de ponerse el pantalón corto y calzarse los deportivos, piensa “hoy no, hoy no me entreno”, pero sencillamente lo hace porque esa es su rutina, esa fue la determinación que ha tomado y cada mañana la retoma.

     Estas son las reflexiones de alguien que decide poner a prueba sus límites, pero sin dramas. Alguien que un día decidió empezar a competir contra si mismo. Murakami no tiene rivales y únicamente pretende ser su mejor versión, el mejor Haruki Murakami que la edad, la inteligencia y lo inevitable le permita ser a cada instante.

 

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EL ÚLTIMO ENCUENTRO. Conversar sólo sobre lo esencial.

autor: Sandor Marai
año: 1942

     En una vacía y apartada mansión espera un general jubilado la última visita de su viejo amigo al que no ve desde hace más de cuarenta años, para aclarar un suceso que marcó completamente sus vidas.

     Esta es la forma más breve de narrar lo que cuenta Sàndor Márai en El Último Encuentro, pero en realidad se ULTIMO ENCUENTROdice mucho más en sus páginas. Creo que en la novela se abordan fundamentalmente cuatro temas.

     En primer lugar creo que se trata del relato de una venganza. Puede que una venganza poco común pero una venganza al fin y al cabo. Violenta a su manera y donde lo único que se busca es una innecesaria e inútil gratificación.

     Es también la búsqueda del sentido de la vida de dos ancianos que habitan un mundo que ya no es el suyo. Unos señores que crecieron en un lugar donde las palabras ya no significan lo mismo que antes. Conceptos como imperio, casta, honor, raza empiezan a no ser válidas en un lugar que pronto abandonarán y se afanan en encontrar un relato racional y satisfactorio para sus vidas.

     La búsqueda y o elaboración de la verdad es la otra obsesión del general “El tiempo iba pasando y la vida se volvía cada vez más confusa a mí alrededor. Los libros y los recuerdos se acumulan y se vuelven cada vez más coherentes. Cada libro contenía una pizca de verdad, y cada recuerdo me confirmaba que uno reconoce en vano la verdadera naturaleza de las relaciones humanas, y que tampoco se vuelve más sabio a fuerza de conocimientos.”

     Por último, y más allá de las conclusiones alcanzadas por los viejos protagonistas, El Último Encuentro es una sencilla y acertada reflexión acerca de la vida humana. “No me importa lo que diga, no importa con qué palabras y con qué argumentos trate de defenderse. Al final, al final de todo uno responde a todas las preguntas con los hechos de su vida: a las preguntas que el mundo le ha hecho una y otra vez. Las preguntas son éstas: ¿Quién eres?… ¿Qué has querido de verdad?… ¿Qué has sabido de verdad?… ¿A qué has sido fiel o infiel?… ¿Con qué o con quién te has comportado con valentía o con cobardía?… Estás son la preguntas. Uno responde como puede, diciendo la verdad o mintiendo: eso no importa.”

     Como curiosidad mencionar que el título original de libro es A Gyertyak Csonking Egnek que como sabréis todos aquellos que habláis húngaro con fluidez, puede ser traducido por Las Velas Arden Hasta Consumirse. Un título mucho más sugerente, estimulante y significativo que El Último Encuentro. Sí, yo tampoco entiendo la decisión de cambiar el título en la edición española.

     Antes de terminar esta entrada una recomendación. Supongo que la mayoría no leeréis el libro (sé que no soy tan influyente), aunque deberíais, pero al menos echarle un vistazo al Capítulo 13. Creo que existen capítulos de novelas perfectos, y este es uno de esos.

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LOS AÑOS DE PEREGRINACIÓN DEL CHICO SIN COLOR.

año: 2013

autor: Haruki Murakami

 

     Existen dos tipos de novelas. Hay algunas que se limitan a narrar cosas, y otras que explican lo que se siente mientras esas cosas pasan. De este segundo tipo es la obra de Kafka, Herman Hesse o Ernesto Sábato. Para estos autores poco importa lo que se cuenta, sino los miedos, dudas, rencores y esperanzas que palpitan en el interior de los personajes de sus libros. Haruki Murakami, salvando las distancias, que no es poca,  pertenece a este pequeño grupo escritores “existencialistas”.

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     Después de haber leído ya algunos libros del novelista japones llegué a la conclusión de que la historia es lo más prescindible de su narrativa. En realidad, uno tiene la sensación de que el argumento es siempre el mismo, o al menos muy parecido. Jóvenes atractivos e incomprendidos toman la decisión de embarcarse en algún tipo peregrinación espiritual para aliviar la soledad que los atenaza. Y esto último es el gran tema de los libros de Murakami. Su obra puede ser entendida como un complejo ensayo sobre la soledad y sus demonios. El abandono paterno y la búsqueda de las raíces, la incomprensión del mundo que te rodea y el deseo de encontrar a alguien que comparta la misma incomprensión, el miedo a no ser amado o a no serlo de la manera adecuada, el dolor o la duda ante la posibilidad de ser rechazo. O la versión más interesante de todas, la soledad de uno mismo. La conciencia de estar vacío, de no ser nada, o no tener nada que poder ofrecer. De esto hablan básicamente los libros del autor de Tokio Blues. Por separado sus novelas no son ni mucho menos excepcionales, salvo la fabulosa 1Q84, pero en cambio esta elaborando una de las obras con más sentido global de la literatura actual. Y desde esta óptica es bajo la cual cobra interés Los años de peregrinación del chico sin color. Su último libro no destacará entre su bibliografia, no es una de sus mejores creaciones. Y además será tratada con la dureza con la que se juzga a las obras que van después de la obra cumbre. Pero es, en mi opinión, el libro de Murakami que confirma que este tiene un plan.

     Los años de peregrinación del chico sin color se centra en la vida de Tsukuru Tazaki, un ingeniero de “treinta y tantos” que mantiene una relación no muy estable con Sara. Una mujer de la que no sabe demasiado, y tampoco tiene claro si quiere saber más. Tsukuru vive con el recuerdo de un grupo amigos que tuvo en la adolescencia, quienes, un día, sin ninguna explicación, no quisieron volver a verlo. Por sugerencia de la propia Sara, Tsukuru decide visitar, uno por uno, a sus antiguos compañeros y descubrir que propició la ruptura.

     Los años de peregrinación del chico sin color es una novela muy sencilla. La trama es completamente lineal, sin ninguna historia que se incorpore a mayores a la principal. Además, en esta ocasión, Haruki Murakami prescinde de cualquier aspecto fantástico, tan común en su narrativa. Como sello de la casa conserva, eso sí, un final inconcluso. Esa falta de explicaciones últimas tan “murakaniana” como desasosegante. Los años… es sólo un trazo más de un mural que dará en el futuro mucho de que hablar. Estoy convencido.

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1984 «Quien controla el presente controla el pasado. Y quien controla el pasado controlará el futuro.»

autor: George Orwell

año: 1949

 

En 1949,  George Orwell publicó una novela fabulando acerca de como sería el mundo cuarentaytantos años después. Desde la atalaya de la mitad de un siglo que ya había sido terrible, y que además no aventuraba nada mejor para las siguientes décadas, el novelista inglés ideó un futuro totalitario, en el que un gobierno omnipresente participa en cada una de las cotidianeidades de los individuos1984

1984 forma parte de ese subgénero literario que son las distopías. Fábulas narrativas que se sitúan en un futuro no muy lejano, ni tampoco demasiado halagüeño. Un mundo feliz de Aldous Huxley, Farenhein 451 de Ray Bradbury o la post-apocalíptica La Carretera de Cormac McCarthy son algunos de los más afamados títulos de este pesimista género.

Muchos ya habréis leído la novela de Orwell, otros quizás hayáis visto la versión cinematográfica filmada por Michael Radford. Pero prácticamente todos sabréis algo acerca de lo que la historia cuenta. 1984 ha penetrado en la “cultura popular” y las referencias a su contenido las encontramos en programas, series de televisión, argumentarios políticos, etc… Así que poco que decir que ya no sepáis. Winston Smith, un gris funcionario del gobierno, comienza a intuir que quizá la propaganda gubernamental no sea del todo cierta. Empieza por cuestionar su entorno e involuntariamente se encuentra buscando espacios de resistencia, más simbólica que práctica.

La fábula de Geroge Orwell pretende ser una crítica política al totalitarismo pero que resulta vulgar por excesiva, evidente y explícita. Aunque tiene aspectos intelectualmente estimulantes, como por ejemplo la descripción del las irónicas funciones de los distintos ministerios (el Ministerio de la Verdad se dedica a reescribir constantemente la historia para que esta le de la razón al mensaje cambiante del gobierno; El Ministerio de la Paz se encarga de mantener viva una guerra orquestada e interminable con las otras superpotencias del planeta ; El Ministerio del Amor tiene como función la reeducación, la tortura y la desaparición de los discrepantes políticos….etc). Interesante es también la creación artificial de un nuevo idioma, la “neolengua”, una simplificación constante del idioma que suprime todos los sinónimos, antónimos o palabras polisémicas innecesarias. La intención de las autoridades es mantener el lenguaje en un estado comunicación básica. Es decir, destruir el instrumento lingüístico que permita a la ciudadanía elaborar razonamientos mentales complejos.

     El Gran Hermano participa de la vida diaria de toda la ciudadanía a través de las telepantallas. Estos artilugios, diseminados por cada rincón del estado, también en cada hogar particular, sirven para que el gobierno mantenga un control total sobre las actividades de sus “súbditos”. Hoy en día sabemos que Orwell exageraba, que el poder no necesita telepantallas para mantener su control,  como tampoco precisa de un ministerio de la verdad, ni del amor, ni la abundancia. No necesitan obligarnos a asistir diariamente “a los 10 minutos del odio” para señalarnos quien es ahora nuestro enemigo. A la oposición política se la tolera, siempre que se mantenga lejos de alguna posición de poder socialmente relevante. Y ni se molestan en reescribir la historia pues casi nadie se preocupa por investigarla críticamente. Orwell exageró, la realidad es mucho más sutil de lo que imaginó el autor de Rebelión en la Granja. Más sutil y más distópica. 

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EL RESPLANDOR. Los fantasmas de Jack.

autor: Stephen King

año: 1977

     Pienso que una de las claves de la adaptación cinematográfica de una novela es no pretender plasmar la misma historia en el cine. Tratar de describir minuciosamente el detallismo literario de trescientas, cuatrocientas o quinientas páginas en celuloide, y en un tiempo asumible para la paciencia del espectador, es imposible. Además, está el lenguaje. Lo inquietante, lo terrible, lo conmovedor, lo asombroso o lo gracioso no se trasmite del mismo modo en el lenguaje escrito que a través de las imágenes que se emiten en una pantalla. Esto lo sabía muy bien Stanley Kubrick que realizó una magistral adaptación del libro de Stephen King.Libro

     El escritor norteamericano escribió una novela de recuerdos y fantasmas. Más concretamente una historia en donde los recuerdos se convierten en fantasmas, y los fantasmas son los recuerdos de un pasado trágico. Jack Torrance, un antiguo profesor universitario y proyecto de escritor, acepta el empleo de responsable de mantenimiento del hotel Overlook. El trabajo obliga a que su mujer y su hijo se trasladen con él al hotel para pasar el invierno. Temporada durante la que el Overlook permanece cerrado. Su deber será mantener en buenas condiciones el edificio hasta que los turistas vuelvan a ocupar las habitaciones con la llegada del buen tiempo.

     El Overlook es un hotel enorme y siniestro. Una vieja construcción que acumula en su pasado un sin fin de episodios violentos y trágicos. Todos esos sucesos dejarán “huella” entre sus paredes en forma de espíritus, fantasmas, espectros… o como queramos llamarles. Los Torrance sufrirán el acoso de todos estos inquilinos sobrenaturales. En particular el hijo. Danny, dotado de un especial don, el esplendor, se verá especialmente perseguido  por las inquietantes apariciones que esconden las habitaciones de este aislado hotel.

     Pero no todos los fantasmas estaban en el Overlook. Jack  es un alcohólico en proceso de rehabilitación que perdió su trabajo a causa de su adicción. Además sufre un profundo sentimiento de culpabilidad por haber agredido a su hijo en medio de un arrebato alcohólico. Jack, no soporta la idea de que quizá se parezca a su padre. Un maltratador que compartía, también, la afición a la bebida. Su esposa, Wendy, lleva años buscando la fuerza y el modo de dejar a su marido y ve este nuevo empleo como la última oportunidad de salvar su matrimonio. Y el pequeño Danny padece las consecuencias de su extraño don. Apenas sabe leer, pero sus capacidades “telepáticas” le obliga a conocer todos los terribles pensamientos de sus padres, y aprender a lidiar con sus crisis aunque no termina de entenderlas del todo.Película

     Aunque la versión cinematográfica no contiene la complejidad argumental de la novela de King, el resultado creo que es de mayor calidad que el libro. En la película nos perdemos muchos de los detalles sobre la personalidad y el pasado  de los miembros de la familia Torrace, pero nos ofrece, en cambio, una sucesión de imágenes inquietantes. Una  cinta desconcertante que es uno de los mejores ejemplos del manejo de la tensión que puede verse en el cine. En parte gracias a la apropiadísima banda sonora.

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LO BELLO Y LO TRISTE. Y también lo cruel.

autor: Yasunari Kawabata

año: 1965

 

     Yasunari Kawabata fue el primer escritor japones en ganar el premio Nobel de literatura. Vivió durante gran parte del siglo pasado sumergido en una existencia marcada por una profunda melancolía. Siendo todavía un niño quedó huérfano y a partir de entonces ya nunca pudo despegarse de la soledad. La academia sueca decidió condecorarlo en 1968 y Kawabata puso fin a su vida cuatro años después. Engrosando así la abultada lista de escritores que fallecen “prematuramente”. Y  es que si atendemos a las estadísticas, escribir novelas se revela como un oficio mucho más peligroso que el de trapecista alcohólico.lo_bello_y_lo_triste_portada

     Lo Bello y Lo Triste es un relato fiel a la leyenda de su creador. Se trata de una narración melancólica, triste y con un final trágico que se veía venir. En un arrebato nostálgico, Oki Toshio, decide viajar a Kioto para volver a ver a Ueno Otoko. Una antigua amante con la que mantuvo una relación amorosa siendo ella apenas una adolescente y él un hombre ya casado. Entre Otoko y Oki todo había terminado dramáticamente con una actuación más que censurable del protagonista de la novela. Una mezcla de sentimiento de culpa, curiosidad y también crisis de madurez impulsa a Toshio a reencontrarse con su antiguo amor veinte años después. Ueno Otoko es ahora una pintora que vive con Keiko, que es a la vez su discípula y su amante. Se trata de una joven inquietante, calculadora y amoral que se indigna con el aproximamiento del antiguo amante de su maestra. Esta es la historia de una venganza fría, inútil y cruel. El final de una historia que había comenzado dos décadas antes, veinte años en los que Ueno Otoko vivió como en un largo paréntesis.

     Lo Bello y Lo Triste es una breve novela que se recrea en lo sutil. En las descripciones de los amaneceres, de los jardines de rocas y en la belleza de las orejas y la languidez de los cuellos. “Era un jardín oblongo, no muy artístico; pero la luna bañaba aproximadamente la mitad de su superficie, de modo que hasta las piedras lucían colores variados por efecto de las luces y sombras.” Una historia trágica que podría estar firmada por Willian Shakespeare sin no fuera por la sensualidad y el erotismo que inunda todas las páginas del libro.

     Creo que si hubiera que comparar Lo Bello y Lo Triste con algo cotidiano, sería con un sueño. Con uno de esos sueños que todos tenemos ya por la mañana, cuando estamos medio despiertos. Sabes que estás durmiendo, hasta eres capaz de adivinar que va a pasar justo al siguiente instante, pero, de todos modos no puedes evitar sorprenderte y estremecerte. La novela  es claramente previsible. Desde muy pronto el lector empieza a sospechar el final del libro, pero a pesar de esto el desasosiego cuando ya cierras el libro es inevitable.

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EL GRAN GATSBY. O como volver a vivir el pasado.

autor: F. Scott Fitzgerald

año: 1925

 

     Existe un conjunto de obras, al igual que escritores, que son más conocidas PlantALBA.qxdque leídas. Novelas que mantienen, o incluso aumentan, su notoriedad generación tras generación a pesar de no ser apenas leídas por el nuevo público. Pues bien, creo que a este nutrido grupo pertenece también El Gran Gatsby. Muy pocos lectores podrían decir algo acerca de lo que contienen las páginas de la novela más famosa de Scott Fitzgerald. O al menos antes del estreno este último año de la película de Baz Luhrmann.

     En lo esencial la película, en la que Di Caprio encarna al joven dandy millonario, hace justicia al libro publicado hace ocho décadas. Ya no solo por que el relato es rigurosamente fiel a como lo plasmó la pluma de su creador original, sino también porque en muchos momentos el filme, sin ser excepcional, supera a la obra escrita en expresividad y emoción. Y consigue que el espectador comprenda y empatice, más y mejor, con la historia de lo que logra Scott Fitzgerald con su novela.

     El Gran Gatsby es una narración que resulta apresurada y su estilo y estructura recuerda a la de una obra de teatro. El autor decidió despachar la trama en apenas medía docena de momentos. Una pena, pues había dado con unos cuantos ingredientes interesantes de sobra para dar lugar a un libro mucho más voluminoso en extensión, profundidad y calidad literaria. Gatsby es un personaje cautivador e interesante que podría resultar aún más misterioso si al lector se le ofrecieran más páginas para descubrirlo. Además queda en un limbo de confusión los detalles de la relación entre Daisy y Tom Buchanan. Las infidelidades de este y la compresión conservadora de ella. O  los detalles sobre el enamoramiento, o no, entre Jordan Baker y Nick Carraway. Pero sobre todo resulta decepcionante que Francis Scott Fitzgerald no viese adecuado que ese sentimiento tan extraño que podríamos denominar “celos retrospectivos gatsberianos” no mereciera mayor tratamiento que unos cuantos esbozos sueltos. La tenacidad romántica del rico protagonista y sus planes obsesivos y enfermizos son lo suficientemente complejos en si mismos, como para imaginar una obra literaria que superaría en mucho las menos de doscientas páginas que contiene esta. Por supuesto no pienso que la brevedad sea un defecto, al menos en literatura, pero creo que cuando tienes unos cimientos como estos se merecen una estructura más vistosa.

     No descarto que en este caso la fama de la novela de Scoot Fitzgerald jugase en mí un papel negativo al leer el libro. Puede que mis expectativas fuesen demasiado altas, pero la novela me ha resultado totalmente decepcionante. Por supuesto que Fitzgerald escribe con ingenio pero la historia narrada es plana y simple. Y como ya dije, lo más imperdonable de todo es que los instrumentos para un libro con más calado estaban ya presentes. Un joven fascinado por el dinero y la elegancia, una chica insustancial que simplemente se deja llevar por la corriente, aunque cambie de pronto de dirección. Y su marido, un hombre tosco que solo teme quedar en evidencia. Y por último Gatsby. El gran misterio de la novela que no consigue ser tan enigmático como se pretende.

     Cómo en otras ocasiones, lo grave de El Gran Gatsby no es que carezca totalmente de calidad literaria. El problema es que enseña mucho más de lo que demuestra. Solo una elaboración más pausada y elaborada la convertiría en la grandísima novela que creo que no es.

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TOKIO BLUES. Y una canción de The Beatles.

autor: Haruki Murakami

año: 1987

     Otro libro más de Haruki Murakami. Ya sé que poco a poco Palabras y Logos se está convirtiendo en un blog sobre los libros del escritor japones y que, de vez en cuando, también aparecen libros de otros autores. Por supuesto esto no es casualidad, ya que el descubrimiento de su literatura es una agradable sorpresa de mí 2013. A partir de hoy prometo diversificar la elección de los libros, y no volver sobre Murakami en un tiempo. Por mucho que me pese.tokio_0

     Tokio Blues es una de sus primeras obras y su publicación es la responsable de que este autor consiguiese llegar hasta el gran público internacional. Dos décadas separan la aparición de las otras novelas abordadas en este Blog (Kafka en la Orilla y 1Q84) y Tokio Blues, y las diferencias son visibles. El estilo y la temática del candidato al Nobel está ya presente en esta novela publicada en 1987. Los protagonistas de Tokio Blues son seres melancólicos, taciturnos y abatidos que se afanan en mitigar la soledad en compañía de otros individuos igual de tristes y callados. Pero la diferencia más notable de esta novela es que no existe el componente fantástico presente en la mayor parte de sus novelas y que se ha convertido, en la actualidad, en sello distintivo del autor. Personalmente creo que ese aspecto perturbador y surrealista de los libros de Murakami es uno de los atractivos de su literatura, pero en esta ocasión se decidió por una historia realista.

     Se narra un año en la vida de Watanabe. Un joven universitario que reparte sus inquietudes, pensamientos y preocupaciones entre dos chicas. La animada, extrovertida e impertinente Midori, y Naoko, una joven ausente y depresiva que comparte con Watanabe las heridas de un acontecimiento padecido por ambos en plena adolescencia.

 

     Tokio Blues es una novela terriblemente trágica, que narra la historia de unos individuos que son incapaces de encontrar soluciones para sus problemas. Uno de los ejemplos literarios más tristes que tuve la oportunidad nunca de leer, por la razón principal de que el autor apenas deja espacio para la esperanza a una existencia fatalista. Los acontecimientos dramáticos salpican toda la trama y aparecen de golpe, de modo imprevisible. Además el modo en que el autor los cuenta resulta muy efectivo. Murakami los cuenta a bocajarro, sin introducirlos, sin preparar al lector. Primero nos anuncia el acontecimiento, así sin más, y luego, en los siguientes párrafos se dedica a contextualizar lo sucedido. El caso es que el impacto logrado sobre el que lee es de tal violencia que a penas consigues recuperarte antes de que la siguiente tragedia vuelva a golpearte. Es un relato triste y repleto de sexo. Las escenas eróticas son tantas y tan continuas hasta un punto en que resultan, sino absurdas, sí cansinas, repetitivas y totalmente innecesarias.

      Aunque de menos calidad que Kafka en la orilla o 1Q84. Tokio Blues contiene ya algunos de los rasgos definitorios de la literatura de Murakami. Pero sin duda se trata de una muestra de un escritor que creció mucho como creador desde entonces.

 

 

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CONTRA EL VIENTO DEL NORTE. Novela epistolar 2.0

autor: Daniel Glattauer

año:2010

     El relato arranca cuando Emmi Rothner intenta borrarse de una suscripción a una revista que al parecer había perdido calidad en los últimos meses. Por equivocación el correo electrónico es enviado a Leo Leike quien contesta para señalarle el error a Emmi. Ella a su vez vuelve a escribir a Leo para agradecérselo, y así, correo tras correo, Daniel Glattauer crea una novela epistolar del siglo XXI donde las antiguas cartas son sustituidas por correos electrónicos.9788420491721

     Contra el Viento del Norte nos cuenta un idilio entre dos individuos que jamás se han visto en persona. Con el único vínculo de la bandeja de entrada de su e-mail, Emmi y Leo terminan por entablar una relación quizá más íntima, o al menos con otro tipo de intimidad, puede que mejor, de lo que te permite el contacto físico. El escritor austriaco nos presenta una historia de amor tan insegura, inestable e impredecible como cualquier otra. Mediante la lectura de las propias palabras de los protagonistas vemos como deambulan entre el inocente tonteo, insinuaciones de amor mal disimuladas, tensión sexual y la intención de resolverla, celos irracionales y muestras del despecho más cruel. Con todo, se cuenta una relación entre dos personas inteligentes, ingeniosas e interesantes que no precisan hablar de banalidades para no permanecer calladas. Solo hablan de cuestiones esenciales, y lo más raro, aún así hablan mucho. Apenas lo hacen de su trabajo, apenas de sus familias, de sus amistades y lo justo de sus parejas. Sólo conversan sobre si mismas.

     Puede que no sea una novela excepcional, aunque cumple de sobra el objetivo de entretener. Pero Contra el Viento del Norte tiene algunos aspectos notables. El estilo literario que diferencia a los dos personajes está absolutamente definido y consigue crearnos una imagen más o menos clara de cada uno de ellos. Y el resultado es el retrato de unos seres cautivadores y enigmáticos de los que apenas sabemos un par de cosas ciertas, pero aquello que nos imaginamos tiene todavía más peso en su descripción.

     En cualquier momento nos pueden sorprender con la versión cinematográfica del libro. La típica película interpretada por atractivos veinteañeros y destinada para adolescentes. Y sospecho que, en ese caso, la posible cinta no le hará justicia al libro de Glattauer. Este está escrito con destreza y contención y los momentos melodramáticos, que los hay, son interrumpidos con humor, habitualmente sarcástico. “-Mía nunca se acuesta conmigo, ni siquiera mentalmente. Eso quiero que quede claro -No reduzcas siempre nuestra relación al hecho de que dormimos juntos mentalmente de vez en cuando.” Es una novela sencilla y lineal. Y en este caso este sí es un problema. Se hecha de menos alguna historia paralela que complicara mínimamente una trama demasiado simple.

     Para terminar decir que el lector se queda con la sensación, un poco desasosegante, de que la relación entre Emmi y Leo funciona sobre la promesa de verse pero sin llegar a hacerlo. La posibilidad de un futuro que no va a materializarse. Y quizá esa sea la moraleja que Daniel Glattauer intentó transmitir con Contra el Viento del Norte. Lo importante es mantener viva la expectativa.

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EL CUADERNO DE MAYA. Relato de una resurrección.

autora:  Isabel Allende

año: 2011

   Creo que de ningún otro escritor escuché críticas tan furibundas y encarnizadas como las dirigidas a la escritora chilena Isabel Allende. Leí de ella que solo escribía literatura comercial, hay quien se negaba a calificarla como escritora en absoluto, que desde La casa de los espíritus no volvió a publicar nada que valiera la pena o que sólo escribe literatura femenina, aunque no tengo ni idea lo que eso significa. El caso es que no conozco nada del trabajo anterior de la autora objeto de tantos ataques, pero al menos su ultima novela, El cuaderno de Maya, es una auténtica delicia.el cuaderno de maya

     En él se narra un periodo turbulento de la vida de Maya Vidal. La protagonista nos cuenta en primera persona como un hecho traumático, al inicio de su adolescencia, la golpea violentamente. De modo imperceptible, muy lentamente se va sumergiendo en el mundo de las drogas. Y como en una mansa espiral, Maya de pronto se encontrará en el centro de un mundo violento rodeada por drogadictos, traficantes, prostitutas, proxenetas, vagabundos, impúberes delincuentes…. etc. Desde una bucólica isla chilena la joven se esconde de su pasado más reciente. Allí escribe y reflexiona a través del cuaderno que le regaló su abuela antes de despedirla en el aeropuerto.

     A través de las notas de su diario descubriremos los pasos que condujeron a la adolescente a un profundo agujero negro del que parecía imposible salir, y también nos cuenta su nueva y exótica vida en la isla de Chiloé. Además la pequeña de los Vidal encontrará tiempo para rememorar la accidentada historia de su pintoresca y entrañable familia.

     Puede que las aventuras que nos relata Allende en su última novela no sean las más originales, y en ocasiones aparecen fragmentos que resultan algo moralistas. De todos modos puede que eso resulte inevitable cuando se trata un asunto como el de la drogodependencia. Pero el libro esta escrito de un modo impecable, sobre todo las partes que describen la vida en la isla son ágiles y bellas. La autora utiliza frases precisas como círculos. Empiezan, dan todo un rodeo y terminan del único modo en que lo podrían hacer. «Es uno de esos tipos bondadosos que se avergüenzan de serlo; no hace esfuerzos por ser amable y se asusta si alguien le toma cariño, por eso me tiene un poco de miedo.»

     Es una obra de personajes con vidas inevitables. Ninguno es víctima de sus decisiones, sino que sus decisiones son consecuencia de sus circunstancias fatalistas. Isabel Allende escribió un libro sin buenos ni malos, sólo de víctimas que no actúan correctamente. Podría interpretarse que el único «malo» de la historia de Maya es el golpe de estado de Pinochet en septiembre del 73. Que le costó la vida a miles de chilenos y a Salvador Allende, presidente democráticamente elegido y padre de la autora de esta novela. Y es que la presencia política es uno de los aspectos destacados del libro. Apenas son unos cuantos párrafos en más de cuatrocientas páginas, pero el devenir político en el destino de la familia Vidal será enorme. Además Allende no esconde sus opiniones al respeto y las manifiesta siempre de un modo moderado y, en ocasiones, con una finísima ironía. «Juanito está de suplente y Pedro Pelanchungay fue elegido por votación arquero del equipo. En este país todo se resuelve votando democráticamente o nombrando comisiones, procesos algo complicados; los chilenos creen que las soluciones simples son ilegales.» Bueno, no sé si es ironía o humor negro.

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EL SÍMBOLO PERDIDO. Una nueva y «elegante» aventura.

img-home-llibreautor: Dan Brown

año: 2009

     Con su penúltima novela, Dan Brown repite la receta que lo convirtió en el escritor más leído de la última década junto a Kent Follett. El Símbolo Perdido, igual que sus otras obras, gira entorno a secretos ancestrales escondidos enigmáticamente en los rincones de nuestro desarrollado siglo XXI. Robert Langdon será, una vez más, el experto “sabelotodo” encargado de descifrar, paso a paso, los acertijos que lo conduzcan a resolver la crisis. La francmasonería y sus secretos es el contexto utilizado por Brown para impregnarle misterio a la historia. Peter Salomon un reputado masón y amigo íntimo de Langdon es secuestrado por un lunático de cuerpo tatuado que pretende descubrir la poderosa sabiduría que esconde la “hermandad”.

     Esta ha sido la primera novela que he leído del famoso escritor norteamericano, y lo cierto es que me dejó más bien indiferente. En algunos momentos tuve la sensación de que su autor se inspiró para escribirlo en la película que todavía no existe. Muchos de sus numerosos y cortos capítulos son muy visuales y sencillamente adaptables a escenas cinematográficas.

     Con todo se trata de una historia repleta de suspense. Su autor consigue enganchar al lector a lo largo de sus seiscientas páginas, pero el sistema utilizado no es precisamente el más ingenioso de la literatura universal. Brown se sirve de breves capítulos para no terminar de decir nunca nada. Simplemente corta la narración de lo que estaba contando, así sin más, para retomarla más adelante. Y así constantemente, una y otra vez.

     A pesar de lo dicho la penúltima novela del autor de El Código Da Vinci me dio mucho de que pensar. En primer lugar llegué a la conclusión de que existen dos grandes tipos de novelas. Aquellas que se sirven de historias para hablarnos de sus personajes y otras que utilizan a personajes para contarnos la historia. En el primer caso solo conseguirás disfrutar del libro si consigues empatizar con el personaje. Entender sus sentimientos, sus actos y las motivaciones que lo conducen. Los libros del segundo tipo se justifican por un argumento atractivo y un relato envolvente y entretenido. Los personajes solo son instrumentos estereotipados y necesarios para desarrollar la trama. Pienso que el libro del que hoy estamos hablando pertenecería a este segundo grupo.

     Antes de terminar quisiera comentar algo que aunque tenga carácter anecdótico llamó poderosamente mi atención. Los que ya habéis leído El Símbolo Perdido seguro que os distéis cuenta de la cantidad de veces que aparece la palabra “elegante”… La elegante estantería, su chaqueta elegante, la elegante pronunciación, la elegante manera de caminar de Peter, las elegantes letras doradas grabadas sobre la elegante madera antigua…. y así innumerable cantidad de veces. En realidad esto fue lo único que hizo el plantearme no seguir leyendo. Pensaba “no soportaré que algo vuelva a ser elegante”, pero luego decidí tomármelo como un juego y contar las paginas que había hasta que volvía a aparecer el adjetivo. Rara vez pasaban más de diez páginas. Supongo que el problema tuvo que surgir con la traducción.

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DEMIAN. Las respuestas están adentro.

autor: Hemann Hesse

año: 1919

     En Demian se nos relatan los tormentosos años de adolescencia de Emil Sinclair. Un joven introvertido y solitario que descubre como más allá de los ordenados límites de su hogar existe un mundo oscuro, tenebroso y violento. El protagonista nos narra en primera persona sus primeros pasos en la vida adulta y la desazón que esto le provoca. Cuando más asustado y desubicado se sentirá Sinclair se encontrará  con Demian, un misterioso chico de la misma edad que el primero pero del que aflora una extraña madurez y seguridad en sí mismo. Este joven se convertirá en una especie de guía espiritual de Sinclair, aportándole revolucionarias interpretaciones sobre la vida, la religión y la condición humana que ampliará los horizontes ontológicos del protagonista.demian

     Cuando se habla de esta obra se la define como «novela de formación» y se  compara con El Guardián entre el Centeno. En realidad, creo que esta analogía entre Demian y el libro de Salinger es errónea. Aunque sí es cierto que en las dos historias el protagonista es un joven taciturno que trata de encontrar su lugar en el nuevo mundo de los adultos, pienso que no formaba parte del interés de Hess el analizar el paso a la madurez de Sinclair.

     Tanto en esta como en otras de sus conocidas obras, Siddhartha o El Lobo Estepario la preocupación de Hermann Hess se centra en la búsqueda del individuo de sí mismo. Tenga este la edad que tenga. Hablen de artistas vagabundos, bohemios eruditos, ascetas itinerantes o jóvenes desorientados, sus novelas nos muestran a individuos que desanimados ante la ausencia de respuestas que le ofrece el mundo exterior, deciden iniciar una búsqueda espiritual, en el sentido más amplio del término.  «Para el hombre despierto no había más que un deber buscarse a sí mismo, afirmarse en sí mismo y tantear, hacía adelante siempre, su propio camino, sin cuidarse del fin al que pueda conducirle.» En opinión del autor la búsqueda de la libertad, vencer el miedo, la felicidad se encuentran en nuestro interior. De algún modo tenemos ya las respuestas para las grandes preguntas de la vida, solo tenemos que saber buscarlas. «Se tiene miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo. Tienen miedo porque no se han atrevido jamás a seguir sus propios impulsos interiores.» Aquel que trate reunir las condiciones materiales para lograrlo solo logrará perder el tiempo y frustrarse. La solución, en cambio, dice el nobel alemán, es mirarse  para adentro.

     Por último recordar que Demian fue escrita en 1919, tan solo dos años después del inicio de la Revolución Rusa y recientemente terminada la Gran Guerra. Europa vivía años convulsos donde cada día se respiraba la sensación de que a la mañana siguiente todo podría ser distinto. Este ambiente se trasmite también en las páginas del libro. «Este Mundo, tal y como hoy es, quiere morir, quiere hundirse y lo conseguirá.» Al tiempo, Hermann Hesse no esconde sus dudas acerca de si el desarrollo humano va por el camino correcto.  «¡Durante cien años no ha hecho Europa más que estudiar y construir fábricas! Saben muy bien cuántos gramos de pólvora se necesitan para matar a un hombre; pero no saben como se reza a Dios, no saben siquiera cómo puede pasarse una hora divertida.»

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LÁGRIMAS EN LA LLUVIA. La vida de la no vida.

autora: Rosa Montero

año: 2011

     Blade Runner es de una película estrenada en 1982 y dirigida por Ridley Scott. Se trata de una película interesante aunque sobresdimensionada y convertida en leyenda por el frikismo ochentero, cada vez más en alza. Pero si este filme de ciencia ficción es recordado es sobretodo por su monólogo final. Pues bien, la última frase de dicho monologo es la elegida por Rosa Montero para titular su novela.lagrimas-lluvia

     En ningún caso Lágrimas en la lluvia se trata de una versión de la película del director de Alien, ni se guardan paralelismos importantes entre el libro y el filme. Eso sí, la intriga también se desarrolla en el futuro y el mundo se encuentra habitado por humanos y replicantes. Otra constante en las dos obras es que los «tecno-humanos» tienen una corta esperanza de vida, y eso, comprensiblemente, los desespera.

     La escritora madrileña se sirve de Bruna Husky para elaborar una novela existencialista. La replicante vive en una intencionada soledad y obsesionada por el paso del tiempo y por su cercana muerte. De la que conoce su fecha exacta, como todos los de su especie. Diez años es la esperanza de vida de los androides de la historia de Montero. Un tiempo no lo suficientemente extenso para que el individuo considere «rentable» establecer lazos afectivos estrechos. Esto provoca que la mayoría de los «reps» se decidan por no vincularse sentimentalmente con nadie y apuesten por un carácter frío e introvertido que mantenga  a distancia a los individuos de su alrededor. Esta es la decisión tomada por la protagonista de la novela, recubrirse de una fingida autosuficiencia. «La detective regresó a su casa abrumada por un profundo desaliento,  Había días que parecían torcerse desde por la mañana y en los que la vida empezaba a pesar sobre los hombros como una manta mojada.» La utilización de los Replicantes para hablar de ciertas características de la vida humana es una idea original, adecuada y pertinente. Subyace constantemente el sinsentido de la existencia, mucho más patente cuando ésta es tan efímera. Como también se reflexiona acerca de la identidad y el peso absoluto que sobre ésta tiene la memoria. Sea real, ilusoria o implantada como en el caso de los tecno-humanos de la novela.

     De todo esto se habla en las páginas de Lágrimas en la lluvia, al tiempo que se desarrolla una historia de una conspiración política mundial. En un futuro en el que se entrecruzan intereses políticos de humanos, replicantes y alienígenas que conviven más mal que bien en el mismo planeta. La detective Bruna Husky recibirá el encargo de tirar del hilo de una trama política que se esconde detrás de la muerte de unos replicantes.

     Es una novela lineal y con una trama excesivamente sencilla pero entretenida. De todos modos, parece que todo forma parte del plan de la autora. Rosa Montero tiene tan claras las intenciones de su novela que apenas se esfuerza por idear giros imprevisibles ni complicados entramados argumentales. Cuando tienes algo interesante sobre él que reflexionar, una historia solvente y una atmósfera atractiva, la sencillez es siempre la mejor de las propuestas.

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KAFKA EN LA ORILLA. Identidades

autor: Haruki Murakami

año: 2002

     Kafka Tamura es un chico de 15 años que ha decidido huir de casa. Con solo una mochila y la poca ropa que llena su interior decide marcharse sin tener muy claro a donde ir ni por qué huye. Vive atormentado por el recuerdo del abandono de su madre cuando él era solo un niño, que por alguna razón prefirió llevarse a su hermana mayor dejando a Kafka solo con su padre. Un escultor de cierto renombre y totalmente incapaz de mostrar un mínimo de simpatía o cariño por su hijo. El azar conduce al adolescente hasta una biblioteca donde se alojará con permiso de los administradores del edificio.Kafka-en-la-orilla

     Tienen razón los críticos con Murakami de que el componente sobrenatural en las novelas del escritor japones no aporta nada al argumento de la historia. Los acontecimientos fantásticos van surgiendo aleatoriamente, erráticos. Sin orden aparente y nunca terminan por aclararse definitivamente. Lo que sucede es que esta nunca fue la intención del autor. Por muchos fantasmas, entes, gatos parlantes o limbos que aparezcan en sus novelas, los libros de Haruki Murakami no son literatura fantástica. El objetivo de estos elementos es el hablarnos de sus propios personajes. Ponerlos a prueba frente acontecimientos increíbles y mostrarnos como ellos actúan. Sería acertado decir que todos estos espíritus, mundos paralelos y piedras parlantes, sin dejar de ser reales, forman parte del interior de cada uno de los personajes. Existen pero no en el mundo exterior.

     Kafka en la orilla reflexiona acerca de la identidad personal, el sentido de la vida y la realidad, precisamente tres pilares de un mismo problema. Una reflexión más profunda que inteligente, pero de todos modos muy acertada.

“-¿Diluirse?

-Es decir, que cuando tú estás en el bosque, tú eres, sin fisuras, parte del bosque. Cuando estás bajo la lluvia, tú eres, sin fisuras, parte de la lluvia que cae. Cuando estás inmerso en la mañana, tú eres, sin fisuras, parte de la mañana. Cuando estás delante de mí, tú eres parte de mí. De eso se trata. Explicado de una manera fácil de entender.”

     Como en otras ocasiones Murakami entreteje varias historias que se entrelazan con suavidad, imperceptiblemente. Un anciano que sufrió un hecho traumático de niño y a partir del cual se convirtió en otra persona y olvidó a la anterior, una mujer madura que no tiene el mínimo interés en su presente y solo vive alentada por sus recuerdos o un joven bibliotecario transexual y “hetero”, son algunos de los mimbres que componen Kafka en la orilla.

     Muchos otros críticos con la obra del escritor japones coinciden en afirmar que todos los personajes de sus novelas se parecen demasiado. Todos son personajes poéticamente solitarios, melancólicos y desubicados, y este formato se repite una y otra vez. Para empezar no entiendo que esto en si mismo sea un defecto. Opino que Haruki Murakami ha descubierto algo importante que decir y ha decidido escribir libros para contarlo. Que para ello utilice personajes parecidos en formatos similares carece de la más mínima importancia.

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EL TÚNEL. Breve y perfecta.

 autor: Ernesto Sábato

año: 1948

 

     El Túnel se trata, desde mi parcial y subjetiva opinión, una de las mejores novelas del siglo XX y de la literatura universal. No es la primera, ni la segunda, ni la quinta vez que leo el libro y sí, la semana pasada volví una vez más a leerlo.EL TUNEL PORTADA

     La novela comienza con un «spoiler». Juan Pablo, narrador y protagonista de la novela inicia el relato reconociendo el asesinato de María Iribarne. Juan Pablo es un pintor neurótico, inseguro y paranoico. Podríamos estar refiriéndonos al Woody Allen de la ficción, si no fuera porque el personaje de la novela de Sábato se trata de una persona peligrosa e inquietante, y no tiene ni pizca de gracia. Un hombre que vive rodeado de incomprensión, pero no porque el mundo sea incapaz de entenderlo, sino porque es él el que no sabe nada de si mismo.

      Una de las frases más populares de la tradición budista dice que «ni el más cruel de tus enemigos podrá hacerte tanto daño como tu propia mente». El Túnel y en particular el personaje de Juan Pablo es el ejemplo paradigmático de esta máxima. Poco o nada de lo que el protagonista cree que sucede tenemos indicios que exista más allá de su cabeza. De todos modos, la naturaleza insegura y paranoica de Juan Pablo le hace llegar siempre, una y otra vez, a la explicación más destructiva para él y su entorno.

      María Iribarne, co-protagonista y víctima en la novela. Es el gran enigma de la obra de Sábato. Una mujer elegante, interesante, serena y misteriosa a la que parece que todo le sucedió la noche anterior. Aparte de la narración de los hechos, la novela casi podría verse como una larga investigación sobre la enigmática vida de María pero el lector, y Juan Pablo, termina con las mismas incógnitas del principio. Sí no más.

     El Túnel es una reflexión descarnada y pesimista acerca de la soledad que acecha a toda vida humana «En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles».

     El escritor argentino consiguió elaborar uno de los ejemplos más logrados que he leído de control de la tensión. Siempre en aumento hasta el conocido final a pesar del cual no podemos evitar sufrir y estremecernos.

      Ernesto Sábato falleció hace dos años y con su muerte se perpetró una de las mayores injusticias que cometió la Academia Sueca al no otorgarle el premio Nobel. Con solo tres novelas, ningún otro escritor fue tan meritorio.

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EL ALQUIMISTA. La búsqueda de la leyenda personal.

 autor: Paulo Coelho

año: 1988

     El Alquimista es una novela distinta, rara dirían algunos. El autor lo deja claro desde el principio. En la primera línea del prefacio explicativo que encabeza el libro, confiesa «El Alquimista es un libro simbólico». Poco después nos cuenta como se introdujo en el mundo de la alquimia y aclara que el libro que sostenemos entre las manos es, en realidad, el compendio de todos los conocimientos que logró atesorar. Asegura el escritor brasileño que detrás de un aparente cuento se esconden relevantes descubrimientos de la investigación alquímica.coelho_paulo_el_alquimista_j_prz

 Algunos de los conceptos importantes de la novela son:

Alma del mundo: Se trata de una unión simbiótica entre todo lo que existe. Los animales, los seres humanos, las rocas, el viento, el desierto. Una esencia de esencias.

Lenguaje del mundo: Idioma incomprensible para la mayoría y mediante el cual se comunica el Alma del Mundo.

Leyenda Personal: Ese camino que todos tenemos trazado. Si logramos identificar nuestra Leyenda Personal y nos atrevemos a perseguirla, lograremos tener una vida plena y dichosa.

Señales de Dios: Una serie de avisos, de alertas, con los que el destino nos va advirtiendo cual es nuestra Leyenda Personal. Aquel que aprenda el Lenguaje del Mundo las identificará y le permitirá alcanzar el Tesoro que el porvenir le tiene reservado.

Tesoro: el premio para el persistente y el osado. El objetivo último de la Leyenda Personal de cada individuo.

     Las aventuras de un pastor de ovejas es el relato que utiliza Paulo Coelho para hablarnos de estas cuestiones. En la novela, el joven decide abandonar a sus ovejas para ir en busca de un tesoro metafórico que lo espera en algún lugar cerca de las pirámides de Egipto. Una serie de enigmáticos personajes lo guiarán en su objetivo y le ofrecerán enseñanzas sobre la vida, la existencia y el destino. El Alquimista fue acusada, en mi opinión erróneamente , de tratarse de un libro de autoayuda. No pienso que esa fuera la intención del escritor brasileño. Pero sí es una obra de un optimismo exacerbado hasta un punto que resulta casi irritante. Se insiste en que esas agradables casualidades con las que nos topamos cada día, en realidad, no son tales. Sino oportunidades que nos brinda el Alma del Mundo para que las aprovechemos, identifiquemos nuestra Leyenda Personal y vayamos a por ella.»Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño.» Repite el narrador una y otra vez como un mantra, como un dogma de fe que escondiera una verdad irrefutable y eterna. Una frase ingenua que podría resultar incluso ofensiva dependiendo de quien sea el interlocutor.

     El Alquimista guarda una pequeña joya en el prólogo del libro, un breve relato que justifica por si solo la lectura de la novela. Coelho decidió introducir su obra con un cuento de Oscar Wilde. En concreto con la adaptación del mito de Narciso del escritor irlandés, que yo no conocía y que es realmente bello. Lo transcribo a continuación.

«Cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.

-¿Por qué lloras? -le preguntaros las Oréades.

-Lloro por Narciso -repuso el lago.

-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-, al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.

-¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.

-¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.

El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:

-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello. Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejaba mi propia belleza.»

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AURORA BOREAL. Un crimen y mucho frío.

autora: Asa Larsson

año: 2004

     Si hace unos años alguien te contaba que estaba leyendo una entretenida novela negra probablemente se tratara de una novela sueca. Y muy posiblemente el apellido del escritor fuese Larsson. Stieg Larsson, Henning Mankell y Asa Larsson son las figuras destacadas de una ola de publicaciones de éxito de este país nórdico  con características similares . Una comunidad en apariencia tranquila se ve sacudida por un violento crimen, investigadores solitarios o inadaptados y una sórdida verdad que se esconde detrás de una sociedad superficialmente modélica y que nos hace cuestionar sobre el aspecto aplacible de nuestro entorno. Estos son los ingredientes comunes de la novela negra sueca y que también reconoceremos en las páginas de Aurora Boreal.aurora-boreal-9788432250828

     Asa Larsson diseñó en ésta, su primera novela, una trama con dos argumentes totalmente distintos. Por un lado la investigación de la muerte de Viktor Strandgärd, el líder e iluminado de una congregación ultraconservadora de Kiruna, un pequeño pueblo próximo al circulo polar ártico. El cuerpo de Viktor apareció acuchillado y mutilado en el suelo de la iglesia con signos de haber sido víctima de una asesinato ritual. El otro eje de la historia gira entorno Rebecka Martinsson, una abogada que hace años formaba parte de la iglesia de Viktor Strandgärd, y que regresa, de mala gana, a Kiruna para hacerse cargo de la investigación del crimen. Sanna, hermana de la víctima, es la principal sospechosa del crimen y pide ayuda a Rebecka, antiguas amigas de la infancia, para que la defienda. Las reticencias de la protagonista en volver al pueblo de su niñez, las tensas relaciones entre los habitantes de Kiruna y la abogada y la huida de ésta hace años constituye parte del interés de Aurora Boreal. Por supuesto estas dos historias terminarán entrelazándose de manera que los motivos de la muerte del pastor y el pasado de Rebecka tendrán un nexo en común.

     Larsson consiguió con este libro elaborar una historia contada con claridad. No se trata de una obra inolvidable, pero al menos distrae. La investigación del crimen no es ningún derroche de imaginación ni de originalidad. Los personajes nos son cautivadores ni excesivamente interesantes pero la novela entretiene de un modo sencillo. Sin complicarse ni complicarnos la vida. Lo más destacable de la novela es la descripción del ambiente. El terrible frío ártico se palpa en cada página. La abundante nieve, los efectos de las bajas temperaturas sobre el cuerpo y la aparatosa ropa para despistar inútilmente al frío  aparece constantemente en el relato. Por muy tapado que esté el lector en su cama o en su salón lo percibirá.

     Aurora Boreal consigue que pases un buen rato ventilando los secretos de una comunidad conservadora, amante de las «buenas costumbres» y un poco paranoica. La novela aborda algunas cuestiones morales interesantes y cuestiona aquellas conductas fundamentalistas que solo están sustentadas en creencias religiosas. Pero lo hace sin complicarse demasiado. Si alguna vez alguien nos pregunta, “¿recomiendame un libro que no sea mucho de pensar?» Aurora Boreal será una buena respuesta.

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UN MOMENTO DE DESCANSO. ¿Y si no fuera cierto?

autor: Antonio Orejudo

año: 2011

     Antonio Orejudo es uno de los más destacados miembros de la «generación inexistente». Un grupo de escritores españoles, de cierto éxito, que poco o nada tienen en común salvo el haber nacido en la misma década, la de los sesenta. Firmas como Lucía Etxeberria, Rafael Reig, Javier Cercas o Lorenzo Silva son otros de los componentes de esta variopinta generación que no comparten ni criterios artísticos, ni inquietudes comunes ni, por supuesto, calidad literaria comparable.un-momento-de-descanso

     Un momento de descanso se trata de la historia de un encuentro entre Cifuentes, un viejo compañero de facultad del narrador y protagonista (que también es el autor) y el propio Antonio Orejudo. Una larguísima confesión en la que Cifuentes nos pone al día de los avatares sufridos en su vida durante los últimos diecisiete años. Un relato que incluye un fracaso matrimonial, un escándalo racista con una de sus alumnas de la facultad y finalmente una conspiración en las altas esferas de la universidad española.

     Sin dudas se trata de una novela inteligente. Un relato biográfico, al menos a medias, en el que los límites entre autor y personaje se desdibujan. Ambos comparten nombre y trayectoria profesional. Los dos son filólogos, se doctoraron en los Estados Unidos y publican novelas de cierta relevancia…etc. Por lo demás  resulta indemostrable saber hasta que punto se inspiró el autor en su propia vida para dar cuerpo a la trama. De todos modos, en muchos momentos se pueden adivinar detalles y anécdotas contadas en la novela, que bien pudieron sucederle al Antonio Orejudo de carne y hueso.

     Los límites de lo real y la actitud que el individuo ha de tomar ante esta falta de certeza, el compromiso ético que el ser humano debe adoptar ante una realidad que quizá no sea tan real, es el tema fundamental de Un momento de descanso. «Aunque esto me atormentó durante algún tiempo, al final comprendí que obsesionarse con distinguir nítidamente entre realidad e imaginación era un error operativo y conceptual que además conducía a la neurosis» La novela está dividida en tres partes muy diferenciadas entre sí. Una en la que nos enteramos de las desgracias que persiguieron a Cifuentes durante los últimos años, otra sobre experimentos farmacéuticos inverosímiles y efectos secundarios extraordinarios y una última parte en la que se nos cuentan los entresijos de una sórdida conspiración corporativa dentro de la universidad española. Estas tres partes son tan distintas entre sí que a menudo el lector tiene la impresión de estar leyendo novelas diferentes. Y aunque se pueden identificar diferentes temas y reflexiones que cruzan y unifican toda la obra, al terminar de leer uno no puede evitar tener la sensación de que Antonio Orejudo no consiguió coexionar del todo el relato.

     Con todo, Un momento de descanso se trata de una novela original y compleja, y además fácil de leer. Un puzzle no muy bien engarzado pero compuesto por piezas llenas de contenido y criterio. Útil como material sobre el que reflexionar pero sospecho, que el libro, no dejará huella pasado un tiempo.

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SUNSET PARK. La novela del tiempo perdido.

autor: Paul Auster

año: 2010

 

     ¿Conocéis esas historias que van sobre un grupo de jóvenes, que durante un corto espacio de tiempo, viven una serie de sucesos que les ayudan a enfrentarse a los demonios de la infancia y a admitir, definitivamente, que ya son gente adulta? Pues esta es una de esas historias.

     Miles Heller es un joven de veintiocho años que con veinte huyó de NuevaSunset Park York dejando a su padre, a su madrastra, la universidad y la responsabilidad de un hecho trágico que marcó el futuro de toda la familia. Ahora vive en Florida y sale, desde hace algún tiempo, con Pilar Sánchez. Una chica, todavía menor de edad, a la que conoció en un parque cuando los dos estaban leyendo El Gran Gatsby. Ante la amenaza de la envidiosa hermana de Pilar de denunciar la relación ilegal a las autoridades, Miles decide aceptar la invitación de Big Nathan, regresar a Nueva York y esperar allí unos meses a que su pareja cumpla la mayoría de edad. El viejo amigo del “fugitivo” le propone que se una a la casa okupa que tiene, con unos amigos, en el barrio neoyorquino de Sunset Park. Allí convivirá con Alice Bergstrom, una estudiante de doctorado obsesionada con la película de Willian Wyler, Los mejores años de nuestra vida; Ellen Brice, pintora de escenas eróticas y asombrada por esa “extraña sensación de estar viva” y Big Nathan que siente por Miles una amistad inquebrantable, desinteresada y confusa. Todos ellos tienen en común que están cerca de la treintena pero no tienen ningún plan que valga la pena mencionar.

     Resulta complicado explicar la impresión que provoca la lectura de la novela de Paul Auster. Quizá se podría decir que se trata de una especie de boceto de gran novela. Esta llena de buenas ideas, de temas interesantes, de momentos intensos y mágicos pero todo esto no está más que esbozado. Parece como si el escritor norteamericano no quisiera invertir demasiado tiempo en la narración y, a cada página, estuviese ansioso por terminar la obra.

     El argumento de la novela resulta tópico e insignificante. Está ya muy avanzada cuando la aventura de Miles y sus amigos bohemios empieza a cobrar algo de interés. Hasta que el número de páginas no rebasa, más o menos, la mitad del libro apenas se encontrarán razones, lo suficientemente buenas, para seguir leyendo Sunset Park. El pasado y la psiqué atormentada de cada uno de los cuatro ocupas, como estos se ven los unos a los otros y los padres de Miles ponen interés a la trama. Lamentablemente esto sucede tan adelante que sospecho que solo un lector con mucha paciencia llegará tan lejos sin desesperarse.

     Es la primera novela de Paul Auster que he podido leer, y desde luego la obra no le hace justicia a la fama del escritor. Sus seguidores sostienen que, de un tiempo a esta parte, el neoyorquino escribe con demasiada celeridad. Después de haber leído Sunset Park pienso que puede que tengan razón. Creo que se podría decir que estamos ante una buena novela desbaratada por la prisa.

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RIÑA DE GATOS. MADRID 1936. «España no es un país pobre, es un país de pobres.»

 

autor: Eduardo Mendoza

año: 2010

 

     Anthony Whitelands es un inglés experto en pintura española, que comete la insensatez de aceptar el encargo de tasar un misterioso cuadro, en el Madrid de principios del 36. El cliente es una familia aristócrata, fascista y golpista que ostenta el irónico título de Ducado de Igualada.Riña-de-gatos-1-1

     Más torpe que flemático, Anthony, se ve envuelto en el turbulento ambiente político anterior a la Guerra Civil. Llega a la capital española preocupado por su fracasada historia de amor con una mujer casada que dejó en Londres, y por la posibilidad de mejorar su reputación profesional. Pronto terminará por arriesgar, constantemente su vida, por un conflicto que ni entiende, ni le afecta, ni le interesa lo más mínimo.

     Riña de Gatos. Madrid 1936 además de ser una desacertada expresión para referirse a un conflicto armado, que supuso la muerte de casi un millón de ciudadanos. Se trata de la novela con la que Eduardo Mendoza ganó el Premio Planeta en 2010. Es una historia donde todo pasa delante de los ojos del incrédulo protagonista. Las confabulaciones de los generales sublevados, las palizas indiscriminadas de los falangistas, espías secretos soviéticos…etc. El atolondrado inglés hasta se ve envuelto en un triángulo amoroso en el que Jose Antonio Primo de Rivera es otro de los vértices.

     En absoluto estamos ante un héroe. El inglés es el eje de un complot internacional por vencer en una guerra que todavía no ha comenzado. Pero a pesar de su papel central, el protagonista no tienen ni bando ni opinión al respeto. Mientras se convierte en un maniquí de las grandes potencias, él se esfuerza por saciar su curiosidad y mantenerse con vida. Pero, poco a poco, irá afilando su agudeza y su coraje  hasta que al propio José Antonio tendrá el valor de soltarle, «en fin de cuentas, la Falange solo es una fuerza de choque, con más imagen que sustancia. Vive del matonismo y de cuatro conceptos huecos. Frases ridículas y lemas que sólo suenan bien dichas en voz alta».

     El autor de La verdad sobre el caso Savolta, nos presenta una novela de espías.  Un libro en el que la trama se va enredando muy lentamente, asombrando tanto a Anthony Whitelands como al propio lector. Mendoza ofrece una descripción de la sociedad en una República que está a punto de descomponerse. Sin duda se trata de una mirada inteligente, y con un agudo y sutil sentido del humor, pero superficial. Riña de Gatos nos muestra el sentir de individuos de distintas clases sociales, aunque no explica los porqués de sus motivaciones. El autor se limitó a mostrarnos un pueblo crispado, sin explicar nada acerca de las razones de tanta crispación. Y algo incluso peor. Durante la lectura de la novela uno tiene la impresión que el autor reparte responsabilidades, a partes iguales, en el desencadenamiento del conflicto. Perspectiva ya no solo equivocada, sino que también injusta y cruel.

 Como curiosidad, pero no casualidad, mencionar que, además, Riña de gatos es un tapiz atribuido a Francisco de Goya. Al igual que el velazquez del libro, tampoco está clara la autoría de dicho tapiz.

 

 

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VIAJE ÍNTIMO DE LA LOCURA. Con la casa a cuestas.

autor: Roberto Iniesta

año: 2009

     Cuando tuve noticias de que Roberto Iniesta (Robe), letrista, vocalista y artífice de los distintos proyectos de lo que es Extremoduro, se había pasado a la literatura, reaccioné con un discreto escepticismo. Alentado por todos mis prejuicios creía que su primera novela, Viaje íntimo de la locura, se trataría de un libro para mitómanos. Recordaba las letras de algunas de las canciones más clásicas de Extremoduro, viscerales, bizarras y repletas de palabrotas, y así imaginé su primera novela. Pensaba que trataría, sobre todo, de no defraudar a los viejos seguidores de Extremoduro. Pero estaba muy equivocado.

El Viaje intimo de la locura primera novela de roberto iniesta the first book of roberto iniesta

     La novela de Roberto Iniesta tiene el tono lírico de la prosa de los poetas cuando deciden pasarse a la narrativa. No soy capaz de explicarlo con precisión, pero el libro contiene ese ritmo interno que nos recuerda a la poesía sin dejar de ser prosa. Es un libro ágil y de vocabulario muy cuidado. Salta a la vista que cada una las palabras están muy pensadas, corregidas y trabajadas. Me esperaba, al menos, algunas buenas frases. Ya que la discografía de Extremoduro esta llena de ellas. Pero el libro es mucho más, esta escrito con ingenio, belleza y un, muy inteligente, sentido del humor; además de sarcasmo «Don Laureano es un sacerdote antiguo e ignorante que habla con la doble seguridad que da ser imbécil y cura.»

    Del argumento poco podemos decir sin desvelar datos esenciales de la trama. El protagonista es don Severino, un aburrido notario con una monótona vida. Un señor que se cree feliz porque en su vida no pasa nunca nada, ni malo ni bueno. Alguien que confunde la estabilidad con el tedio. «Don Severino nunca se enfada y mucho menos lo expresa; tampoco lo contrario, nunca está muy alegre ni muy triste ni muy nada.» Pues la monótona y acomodada vida de don Severino (y aburrida, insustancial e irrelevante) se ve interrumpida por un inesperado viaje. Una aventura surrealista e increíble que pone en evidencia la soledad del protagonista, así como su incapacidad para ser comprendido.

     Con Viaje intimo a la locura Roberto Iniesta ha escrito un libro excepcional, sobre todo para ser su debut como escritor. Se trata de una metáfora sobre la incomprensión, y lo difícil que resulta explicar, y que comprendan, que necesitas ayuda. Algunas de las mejores páginas son aquellas en las que el narrador decide contarnos que pasa por la cabeza de la lombriz (la filósofa), el cerezo o el sol. Co-protagistas «irracionales» de la historia. Pero los más reflexivos, sorprendidos e indignados por todo lo que sucede durante la misteriosa aventura de la que no podemos hablar. «Encima, a pesar de ser un mundo pequeño y sin escapatoria, no conozco a nadie» y añade el gusano «la vida ya no me sonríe; ahora se descojona de mí.».

     Detrás de la historia existe un mensaje. La aventura se trata solo de una escusa para contarnos otra cosa, algo más. Pero es el cómo nos lo dice, más que lo que nos cuenta, lo mejor de la novela. De hecho, el argumento tampoco es que sea brillante. Original pero no excepcional. Además en la tercera parte de la novela, el autor se enreda en tópicos sobre el buen salvaje, la naturaleza y lo despiadadas que son las enormes empresas constructoras multinacionales.

     Por supuesto que no se trata de una novela cursi ni edulcorada. Tiene momentos brutales. Pero el que esté pensando en un relato grotesco, al viejo estilo del rock español, estará cometiendo el mismo error que yo. La foto de la portada, relativamente bizarra, no hace justicia a nada de lo que Robe cuenta en el interior del libro. Ya saben, cosas del marketing.

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LOS ENAMORAMIENTOS. Más suspense que romanticismo.

autor: Javier Marias

año: 2011

 

     En una entrevista leí que el autor, Javier Marías, sostenía, muy seguro de sí, que esta novela no trataba sobre el amor, sino sobre el enamoramiento. Decía que el amor era otra cosa, pero el libro se ocupa de ese proceso anterior en el que uno se va enamorando. No daba más indicaciones, no definía lo uno ni lo otro. Exista o no diferencia entre amor y enamoramiento. Personalmente creo que sí pero yo tampoco me voy a andar con definiciones. Marías aborda la cuestión del proceso pero desde todos los puntos negativos desde el que es posible tratarlo. En su libro nos habla del ingenuo autoengaño, de artimañas autocomplacientes, de sumisión degradante, del habitual acomodamiento y hasta del inofensivo, idealizado e utópico amor platónico. Muchas reflexiones sobre el querer sin que ninguna tenga algo que ver con un sentimiento maduro, racional y libre entre dos seres adultos y responsables de su propia vida. Con la excepción, quizá, de la efímera “pareja perfecta” del principio. Pero lo único que sabemos de ella proviene de la mirada distante de la protagonista, que además la idealiza sin apenas conocerlos.

     La historia arranca con el relato de una mujer que desayuna sola, cadaenamoramientos mañana, en una cafetería cerca de su lugar de trabajo y observa con admiración a una pareja, que día tras días, desayuna apenas a unas mesas de distancia. María Dolz, protagonista y narradora, se ve reconfortada por la presencia de la pareja hasta que la muerte violenta del hombre, provoca que los encuentros se interrumpan y su rutina se vaya al traste. Su retrato es el de una mujer de “treintabastantes” que trabaja en una editorial. Aburrida de soportar a escritores prepotentes, lo más placentero que la rutina le ofrece parece ser observar a Isabel y Devern. Desde

     la primera página de la novela sentí mucha empatía por María, me cayó bien. Pero tras el proceso de enamoramiento en la que se ve envuelta, la verdad, es que empecé a cansarme un poco de ella.

     Pero sobre todo Los Enamoramiéntos se trata de una novela inquietante. A través de los ojos de María Dolz, apodada “la joven prudente” aunque muy pronto demuestra que no lo es en absoluto, constatamos que la realidad es un ente inaccesible. Mediante larguísimos monólogos interiores la protagonista se demuestra, y nos demuestra, que muy poco se sabe de la realidad aunque se tengan muchas pruebas, sí es que llega a creérselas. Además la trama se complica hasta el punto de que lo que parecía una historia dramática, termina casi por convertirse en novela negra.

     Sí Javier Marías es un escritor diferente es sobre todo por su dominio de la narración. Sabiéndose capaz dibuja unas inacabables situaciones, el libro se compone de poco más de cuatro o cinco, y unas larguísimas digresiones, que sí bien son la marca de la casa no siempre resultan pertinentes. A pesar de esto el autor no nos ofrece una novela monótona ni lenta. Los enamoramientos es la irrupción de unos hechos extraordinarios en la vida de María Dolz que irán aumentando la tensión del relato.

 

 

 

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EL GENERAL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA. La esperanza es un vicio de pobres.

autor: Gabriel García Márquez

año:1961

Hace unos meses leí una breve reseña de El general no tiene quien le escriba, era una bellísima descripción del libro de García Márquez. No recuerdo literalmente que decía pero mostraba la novela como un profundo retrato sobre la espera y la soledad. Hablaba de un anciano cansado y melancólico que esperaba por noticias que no terminaban de llegar. El caso es que dicha reseña me impacto desde el primer momento. Desde entonces, pasó algún tiempo, y cuando la novela de Gabo cayó en mis manos no dudé en leerla alentado por el recuerdo del bello comentario.

Todo lo que se decía en aquella página era cierto, pero parcial. El general noel_coronel_no_tiene_quien_le_escriba (1) tiene quien le escriba, es una triste historia de un general jubilado que, semana tras semana, espera la llegada de una ansiada carta. Pero el libro es mucho más crudo de lo que reflejaba la reseña. El comentarista no incluyó la viscosa pobreza en la que malviven el coronel y su esposa. Tampoco mencionó la agobiante atmósfera que creó el nobel colombiano, ni la tristeza que tiñe la vida cotidiana de los protagonistas.

La pobreza descarnada de El general no tiene quien le escriba está todavía más remarcada con la esperanza del pobre. Esta esperanza imposible, que solo sirve para que el protagonista decida soportar un día más su paupérrima vida. En el relato de Gabo, una carta que no llega y un gallo desnutrido son el bálsamo inútil para un viejo pobre, que todo lo bueno que le depara el futuro es ilusorio.

Estamos ante una novela cruel e hiperrealista. En esta ocasión, el autor escapó de todo artificio mágico, para contarnos una historia estilísticamente sencilla y lineal pero descarnada. El relato de unos personajes cansados y sacudidos por una existencia que ejerce más presión día a día.

Son ya unas cuantas novelas de Gabriel García Márquez las que ya he podido leer. Y aunque me parecen magistrales, me resultan insoportables. He tomado la resolución de no volver a aventurarme con otro libro del colombiano. Las pesadas atmósferas de sus novelas, el calor, la humedad, las enfermedades intestinales me resultan terriblemente reales. Supongo que podría decir que no volveré a leer a García Márquez porque escribe demasiado bien, y me afectan profundamente.

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1Q84. La novela de las dos lunas.

 

autor: Haruki Murakami

año: 2011

1Q84 es un lugar donde asoman dos lunas, los relatos de las novelas se convierten en realidad, un fantasma puede venir y aporrear tu puerta hasta el aburrimiento y las asesinas a sueldo tienen conciencia social. Uno de los capítulos de la voluminosa novela del escritor Japones Haruki Murakami, lleva por título “Este mundo es absurdo y le falta buena voluntad”. Esta es posiblemente una de las descripciones más sintéticas y acertadas que pueden hacerse del mundo que Murakami describe en su último libro.1Q84

Casi mil quinientas páginas necesitó el autor para contarnos la historia de Aomame y Tengo. Dos seres que se buscan, lo sepan o no, en un mundo que quizá no exista, pero “donde, cuando te pinchas con una aguja brota la sangre”. Aomame es una asesina a sueldo introvertida que trabaja en un gimnasio como entrenadora personal y Tengo un matemático que escribe novelas. Murakami nos va contando, alternativamente, como transcurren sus vidas. Lentas, sosegadas, solitarias, monótonas e inevitables. Vidas rutinarias que se van complicando, y sustanciando, al encontrarse con Fukaeri, la atractiva joven que pregunta sin entonación. Ushikawa, un investigador secreto que nunca pasa desapercibido, un editor que siempre telefonea de madrugada, una oscura secta religiosa y un fraude literario vendrán a complicar la historia y a sumergirnos en el año 1Q84 que es, sin serlo, 1984.

1q84-libro-3-9788483833551Un ejercicio de escritura tranquila, sin complejos. El autor va tejiendo poco a poco la historia, sin prisas, centrándose en los detalles. Como un dibujo que se va trazando tan despacio, con tanta suavidad, que sólo te percatas de que existe cuando el artista ya ha terminado. Un relato sosegado y conciso donde Murakami no escatima tiempo ni espacio para contarnos más de Tengo y Aomame. Y es que por muchos temas que podamos ver en la novela, Aomame y Tengo son los fundamentales. A lo largo de los tres libros que forman el relato nunca dejamos de aprender algo nuevo de ellos, hasta volverse completamente reales. Mucho más reales que el propio mundo en el que se mueven. Como ya había hecho Saramago, el escritor japones nos ofrece una novela identificable con la vieja escuela kafkiana. Nos sitúa en un mundo identificable por todos nosotros, que imperceptiblemente, muy sutilmente, se va distorsionando hasta volverse irreconocible, irreal. Una especie de esperpento ontológico del que solo podemos estar seguros de los sentimientos de los personajes de sus historias, y de nada más.

En algún lugar leí que Haruki Murakami, al terminar el segundo libro (que se publicó en un sólo volumen junto al primero) pensó en ponerle punto y final a la novela. Pero luego decidió escribir un tercer libro. De alguna manera la última parte de 1Q84 no encaja con el resto de la obra. No me atrevería a decir que la calidad literaria disminuya, pero el ritmo ya no es el mismo, y el argumento toma un giro original pero violenta la armonía, casi perfecta, de los dos primeros libros. En esta tercera parte aparece Ushikawa, un detective privado poco agraciado, conformando el tercer vértice de una búsqueda recíproca.

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MARTES CON MI VIEJO PROFESOR. Cuando la muerte amenaza y luego mata.

 autor: Mitch Albom                                2546328_orig

año: 1997

Martes con mi viejo profesor es la crónica de los encuentros periódicos que el periodista Mitch Albom mantuvo con su antiguo profesor universitario Morrie Schwartz, durante los últimos meses de la vida de este. Viendo un programa de televisión Albom descubre que su antiguo maestro, del que guardaba todavía un grato recuerdo, padece ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) una grave enfermedad degenerativa. Sabiendo que la muerte de su maestro ya está cerca Mitch decide visitarlo, concertándose de este modo unas reuniones periódicas en las que hablarán del amor, la amistad, el valor de la familia, del tiempo y de la vida.

Albom, periodista deportivo y autor de algunas publicaciones de éxito como Las cinco personas que encontrarás en el cielo, decidió relatar los encuentros con el profesor Schwartz. Martes con mi viejo profesor es una obra donde se trata de sintetizar la sabiduría vital trasmitida, por el veterano profesor de sociología en las reuniones de los martes, a su antiguo alumno. Además “estos martes” son introducidos por recuerdos, confesiones y reflexiones sobre la vida del propio autor que sirven para aclararnos el modo en que Morrie Schwartz influyó en su pensamiento.

En ocasiones cuando cae en mis manos un libro decepcionante creo que el problema es mio y no de la obra que leo. Pienso que libros los hay de muchos tipos: de aventuras, fantásticos, con profundas reflexiones transcendentales, sesudos ensayos históricos, filosóficos de todas las corrientes y opiniones… etc De modo que sí la lectura que he decidido llevarme a los ojos no me agrada, significa sencillamente que he cometido una mala elección, una decisión errónea. Este es el caso de Martes con mi viejo profesor. Este libro llegó a mis oídos con la vitola de libro de culto. Antes de decidirme a leerlo fueron muchas las veces en las que escuché afirmaciones halagadoras para Martes con mi viejo profesor. Y no solo desde el gran público. También desde sectores “especializados” pude leer sentencias del tipo, “este libro ha cambiado mi vida” o “es ese tipo de libros que nos gustaría regalar a todo el mundo”… pues esto no me ha pasado a mí. Resulta evidente que en algunos lectores el libro de Mitch Albom ha logrado su objetivo (sea este el que sea) pero en mí, la impresión dejada no es tan positiva.

Se trata de una obra que abusa de los tópicos milenarios sobre el vivir, y apenas nos dice nada que cualquier persona ya no sepa. Nos habla de la importancia del amor y la amistad, del sinsentido de perseguir la fama y el dinero, de lo efímero que es la existencia humana y la importancia que tiene vivir cada momento intensamente, y de muchos otros consejos trillados  que sin dejar de ser ciertos, son excesivamente manidos. Aunque sí es cierto que en algunos momentos se llega esbozar alguna idea realmente valiosa, en ningún momento recibe un tratamiento lo suficientemente profundo como para ser tomada en serio.

En definitiva creo que Martes con mi viejo profesor se trata de un libro inmerecidamente célebre que bebe más del sentimentalismo que del valor de sus ideas.

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